La triste historia del Jefe Buffalo Child Long Lance



El Jefe indio Buffalo Child Long Lance fue un prominente nativo americano que se codeó durante los años 20 con lo más granado de la alta sociedad norteamericana. Protagonista de excepción en las principales sociedades de salón de Nueva York y Europa, Long Lance, de nombre Sylvester Clark Long, ocultaba una historia secreta que le llevaría al ostracismo absoluto.

Según contaba en su exitosa autobiografía, que se convirtió en un bestseller internacional, nació en Montana en 1890 hijo de un Jefe de la Nación Americana Cherokee y, tras el paso por su poblado de uno de los típicos shows del Salvaje Oeste, decidió unirse a ellos para ver mundo. Después de viajar con ellos unos años se inscribió en la Carlisle Indian Industrial School, la escuela para nativos americanos más prestigiosa del país, donde se graduó como el primero de su promoción, lo que le permitió acceder a la St. John’s Military Academy de Nueva York. Finalizados sus estudios apeló al mismísimo presidente Woodrow Wilson para poder ser admitido en la exclusiva Academia de West Point, que formaba al cuerpo de oficiales de EEUU.

Pese a que fue finalmente admitido en West Point, nada más entrar se alistó en el Cuerpo de Expedicionarios de Canadá para poder combatir en la Primera Guerra Mundial, de la que volvió con el rango de capitán y fue herido dos veces. A su regreso inició una fulgurante carrera como defensor de los derechos de los nativos americanos y combinó su trabajo como periodista en el Calgary Herald con una cada vez más notable popularidad como representante de la Nación India, sobre todo, tras su adopción por el pueblo Kainai (Pies Negros) que le dio el nombre de Buffalo Child.

Auge y caída de un mito

Long Lance cobraba por conferencia más de 100 dólares, una muy buena suma para esos años, y llegó incluso a suscribir un lucrativo contrato con una importante firma de calzado deportivo. Con la aparición de su autobiografía “Long Lance” que se convirtió en un éxito internacional sin precedentes, su fama explotó convirtiéndose en uno de los hombres de moda en Nueva York. Con un atractivo físico exótico e irresistible, se convirtió en el primer indio americano en ser admitido en el exclusivo Explorers’ Club, y en 1929 formó parte de la película muda The Silent Enemy: An Epic of the American Indian, que explicaba con sumo realismo la forma de vida de los nativos americanos y que, paradógicamente le llevaría a la ruina.

Fue precisamente un asesor indio de esta película, Chauncey Yellow Robe, el que empezó a sospechar de las supuestas raíces indias de Long Lance y puso sobre aviso a los representantes legales de la productora que iniciaron una exhaustiva investigación. Lo que se encontraron fue algo sorprendente: Long Lance no había nacido en las llanuras de Montana sino en el pueblo de Winston-Salem, Carolina del Norte, y no era hijo de un jefe indio, sino de un simple conserje de escuela, Joseph S. Long, que además era negro. Un auténtico bombazo.

Al parecer Long Lance no mintió sobre el hecho de haberse unido a un show del Salvaje Oeste pero lo que realmente pasó, y cambió su vida, fue que el propietario del espectáculo lo tomó por un indio y Long Lance aprovechó el error para aprender de sus compañeros cherokees su idioma y sus costumbres. A partir de ahí empezó a construirse su nueva identidad como nativo americano, unas falsas raíces que seguro le ofrecerían muchas más oportunidades que siendo ciudadano negro en la racista sociedad norteamericana de la época.

Cuando toda la verdad sobre sus orígenes saltó a la luz pública, muchos de sus antiguos “amigos” le abandonaron así como sus lucrativos contratos se desvanecieron, y Long Lance empezó a beber desmesuradamente. Poco tiempo después, en 1932, se suicidó en su apartamento de Los Ángeles de un disparo en la boca. Fue un triste final que reflejó todas las miserias y la hipocresía de la sociedad americana del primer tercio del siglo XX, donde tenía más posibilidades de prosperar un indio americano que un ciudadano de raza negra, condenado por nacimiento al ostracismo social.

Lo más curioso del tema es que posteriores investigaciones sobre sus orígenes étnicos confirmaron que tanto su madre como su padre tenían ancestros indios, Lumbee por parte de madre y Cherokee por parte de padre, además de afroamericanos y blancos. Toda una paradoja para quién fue, sin duda, uno de los mayores defensores de las antiguas naciones indias y que tras su muerte, a modo de último gesto de amor a su pueblo, donó todos sus activos a la St. Paul’s Indian Residential School de Alberta (Canadá).

Para saber más:

  • Documental sobre Long Lance (Bernie Dichek , 1986).

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