Don Santiago, el enano filipino que cautivó a la Inglaterra victoriana

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Leía hace pocos días en The Appendix una interesantísima historia sobre la vida de un enano filipino en la Inglaterra del XIX. El planteamiento es un poco surrealista pero, evidentemente, era algo que podía ocurrir en una época mucho más globalizado de lo podríamos imaginar. Las aventuras de este curioso y diminuto personaje lo llevaron de su Manila natal, a Madrás (India) y finalmente a la Inglaterra georgiana y victoriana donde triunfó en un espectáculo de freaks.

Don Santiago de los Santos nació en Manila hacia 1786, debido a su deformidad, sus padres lo abandonaron en un bosque para que muriera pero el recién nacido contó con la fortuna de que el virrey de Filipinas estaba cazando por esas tierras en ese momento. Al encontrarse a ese pobre bebé abandonado, compadecido, ordenó que pasara al cuidado de las niñeras que se ocupaban de sus propios hijos. Así el pequeño Santiago creció entre la abundancia propia de la colonia española, educado como si fuera un miembro de la aristocracia colonial.

Pero a la edad de 20 años las cosas cambiaron para Don Santiago, el virrey falleció y con él su áurea protectora. Su familia postiza hizo las maletas hacia la madre patria y él se quedó solo en Manila a merced de los chismes y chascarrillos de los nuevos mandatarios. Harto de las injurias y los maltratos, no tuvo más remedio que zarpar hacia Madrás en busca de una nueva vida aprovechando el fluido tráfico mercantil entre Filipinas y las posesiones imperiales británicas.

Poco se sabe de su estancia en la India ni cuanto fue su duración pero pasado un tiempo conoció a un capitán inglés de un buque mercante que le dio la oportunidad de llegar a Londres tras una dura travesía en la que estuvo muy cerca de perder la vida al caer al mar en el transcurso de una fuerte tormenta.

El pequeño Don Santiago llegó por fin a la gran capital del momento, Londres, una ciudad en plena ebullición que se preparaba para iniciar su gran época de esplendor: la época victoriana. Gracias a su exquisita formación, hablaba con fluidez además de su español natal, portugués, hindi e inglés, y sus portes de caballero, pudo salir adelante en el complicado mundo victoriano precisamente sacando provecho de su principal debilidad: su baja estatura.

Durante las décadas de 1820 y 1830 giró por toda Inglaterra con un exitoso espectáculo de freaks que realizaba junto a una enorme mujer norteamericana, Miss Angela Melius. El espectáculo de la gigante y el enano cautivó a los británicos y los convirtió en unas celebridades entre el populacho que compraba ávido todo el “merchandising” que elaboraron en torno a ellos.

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Sin lugar a dudas, Don Santiago se convirtió en el filipino más famoso de Inglaterra hasta el punto de aparecer glosado en algunas de las principales revistas populares inglesas como The Mirror. Según se comenta también guardaba muy buena relación con la comunidad española de Londres e incluso era habitual de la capilla del mismísimo embajador, donde podía practicar con fruición su devoto catolicismo.

Pero todo no era tan fácil para Don Santiago y también, pese a su éxito profesional, tuvo que seguir sufriendo la incomprensión y el desdén de las altas esferas de la población inglesa. Tanto la Iglesia anglicana como la judicatura y la prensa se opusieron duramente a su matrimonio con la enana inglesa Ann Hopkins, alegando problemas legales y eugenésicos, por miedo a propagar la raza enana.

Por suerte, la pequeña pareja, tras superar las trabas legales, pudo casarse en 1834 en dos ceremonias, católica y protestante, ante una gran expectación que hizo que fuera necesaria la presencia de la policía a la salida de la iglesia.

Instalados en el tranquilo Birmingham donde había nacido Ann, Don Santiago pudo pasar confortablemente el resto de su vida rodeado de los pequeños lujos que pudo permitirse, como abalorios de oro y plata y sus características vestimentas brillantes que le hicieron una pequeña celebridad de la Inglaterra victoriana.

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