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  • Arte en la cocina o la cocina como arte



    Pese a lo que podamos pensar, no se trata de un artículo sobre Ferran Adrià o las excelencias de la cocina creativa catalana, sino de, sencillamente, el arte en la cocina o la cocina como obra de arte, como lugar físico de habitabilidad y sociabilización. El MoMa de Nueva York ha preparado recientemente una interesante exposición sobre la transformación de la cocina a principios del siglo XX como nuevo símbolo de mejora social, y su sublimación como escenario central de la esfera doméstica del siglo XX.

    La cocina era considera antaño reducto de la servidumbre, lugar ajeno a la clase dominante, alérgica a cualquier tipo de trabajo manual. Pero a  partir de los primeros años del siglo XX, las innovaciones electrodomésticas (frigorífico, horno, electricidad, etc.) y la nueva importancia que adquirió el diseño interior y el mobiliario derivado del auge del Art Decò (el Arts and Grafts angolsajón) permitieron una revisión de la posición de la cocina como nuevo centro moderno de la vida urbana del nuevo siglo. La cocina devino un centro neurálgico del hogar “moderno” del siglo XX, un icono del refinamiento del urbanita adinerado capaz de autocomplacerse él mismo con las delicias más exquisitas fabricadas en su propia cocina.



    La exposición “Counter Space: Design and the Modern Kitchen” nace de la reciente adquisición por parte del MoMa de la mítica cocina “Frankfurt Kitchen” diseñada por la arquitecta Grete Schütte-Lihotzky a mediados de los años 20 en el marco de la dura situación de posguerra que vivió Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un revolucionario modelo de cocina que con un diseño compacto y ergonómico, llevó a las viviendas populares un nuevo enfoque integrado acerca del almacenamiento, el equipamiento y las superficies de trabajo, reflejando un compromiso de transformar la vida de la gente común y corriente a una escala ambiciosa.



    Desde entonces las cocinas han ido evolucionando como verdadero centro de la esfera doméstica de nuestro tiempo, auténtico corazón de nuestra casa y epicentro de las innovaciones creativas y tecnológicas de nuestro hogar. Diseño e innovación van ligados al nuevo concepto de cocina, de la que salen algo más que meros alimentos: sale arte.

    La exposición se podrá ver hasta el próximo 21 de marzo, y la misma incluye, a parte de esta cocina de Schütte-Lihotzky, muchos objetos, tanto funcionales como bellos, diseños interiores y útiles de cocina que se sumaron a las tareas cotidianas de las que hoy en día casi nadie está exento. Los prestigiosos cocineros representantes de la alta cocina vinieron después, pero eso ya es otra historia…

  • Jacques Henri Lartigue en CaixaForum



    Desde el pasado 5 de mayo puede verse en el CaixaForum de Barcelona una excelente exposición del fotógrafo francés Jacques Henri Lartigue (1894-1986), un bon vivant que hizo de su vida una obra de arte. Revisando cada una de sus fotografías haces un recorrido fascinante por la vida de una persona que ha disfrutado viviendo, experimentando, sorprendiéndose de los avances de nuestra sociedad y de la belleza que desprenden las pequeñas cosas. Además, Lartigue tuvo la habilidad de saber capturar estos pequeños detalles, esos momentos precisos retenidos en un proceso químico que los hace imperturbables y duraderos, que permiten que 70 o 80 años después, nosotros podamos ser partícipes de esas mismas experiencias.

    Precisamente, esta exposición se titula “Un mundo flotante” con la intención de remarcar la obsesión de Lartigue por captar esas pequeñas cápsulas de felicidad, voluntad que además desarrolló precozmente, a la tierna edad de ocho años al iniciarse con su primera cámara fotográfica. Sorprenden esas primerizas fotografías de una infancia feliz y acomodada, pero ya se intuyen esa obsesión por capturar el instante. En esta primera época se recrea en un mundo que poco a poco desaparecerá, la sociedad de preguerras, con sus vestidos decimonónicos recargados y ostentosos, en ella nos muestra la cautivación que suscitaban en esta sociedad las nuevas invenciones en el campo del transporte y el ocio, los deportes y el mar, que siempre será uno de sus temas predilectos. Más adelante, en su juventud, que coincide con los fascinantes años 20, la explosión de color, la felicidad y sobre todo la belleza, caracterizada por sus musas irradian todas sus fotografías. La obsesión por captar un mundo flotante en este punto ya es mayúscula y no abandonará su fotografía hasta el final, como podemos ver en la exposición: captura saltos, sonrisas, expresiones de júbilo, etc. En todo caso, sorprende, por otro lado, la ausencia de elementos negativos que perturben esa línea narrativa, elementos que a buen seguro debió sufrir, como todos los europeos, con los mazazos que supusieron ambas guerras mundiales. Lo cierto es que Lartigue ni los menciona y ni les da pábulo. La vida sigue y la belleza continua imperturbable.













  • Josep de Togores, un retratista singular



    Paseando por el MNAC viendo la exposición “Convidats d’Honor” (Invitados de honor) me sorprende un retrato fascinante de un hombre con rasgos asiáticos de uno de tantos artistas de la vanguardia catalana de principios del siglo XX, es Josep de Togores. Me zambullo en Internet a la búsqueda de más información sobre este artista, para mí totalmente desconocido, y descubro una obra muy interesante donde destacan los particulares retratos de sociedad que hizo este artista, sobre todo en los años 20 del siglo pasado.



    Josep de Togores nació en Cerdanyola del Vallés (Barcelona) en 1893 y a los 13 años sufrió una meningitis que le dejó sordo, lo que le lleva a interesarse por la pintura. Gracias a una beca del Ayuntamiento de Barcelona en 1913 viaja a París, en plena Belle Epoque. Allí se empapará de las principales vanguardias artísticas del momento. Entra en contacto con Paul Cézanne y en Bruselas una de sus obras “El loco de Cerdanyola” es premiada en la Exposición Internacional. Tras una etapa de impresionismo, vuelve un tiempo a Barcelona, hasta partir de nuevo rumbo a París, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. Allí entrará en contacto con la flor y nata artística del momento, artistas como Georges BraqueArístides MaillolMax Jacob o el mismo Picasso, le introducen en el surrealismo o el cubismo, que integrará de una manera armónica en su obra. Es la época de mayor esplendor y de reconocimiento internacional, cuando se convierte en uno de los artistas más reconocidos de Europa.



    En los años 30 vuelve a Catalunya e inicia un periodo de gran actividad retratística, siendo uno de los artistas más cotizados del momento y requerido por toda la alta burguesía catalana en los años previos a la Guerra Civil. Como a tantos otros artistas de su generación, este conflicto fratricida le obliga a exiliarse en París, pero puede volver a Barcelona donde  continuará trabajando con gran prestigio hasta su muerte, atropellado en el Paseo de Gracia de Barcelona en 1970.















    + info:

    Conversaciones de Jose Tugores

    http://pintura.aut.org/SearchAutor?AutNum=14238

    http://lozzanoart.blogspot.com/2009/05/josep-de-togores.html