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  • Erich Salomon, el rey de la indiscreción



    Erich Salomon (1886-1944) fue un fotógrafo alemán considerado como el padre del fotoperiodismo moderno. “El rey de la indiscreción” como le bautizó Aristide Briand, Ministro de Exteriores francés (en la imagen superior), estudió Derecho en Munich y se inició en la fotografía al entrar a trabajar en la editorial Ullstein donde utilizaba esta técnica como prueba en los juicios de su empresa. Pero pronto se dio cuenta que esta afición podía serle muy rentable si vendía sus fotografías a los periódicos y, por este motivo, adquirió una cámara Ermanox, un aparato de bolsillo que permitía realizar fotografías sin flash y con luz natural.



    Desde finales de los años 20 y los primeros 30, Erich Salomon se convirtió en un referente del fotoperiodismo mundial y sus instantáneas inundaron las principales cabeceras internacionales (Vu, L’Illustration, Time, New York Times o el Daily Telegraph, entre otras). Se cuenta que incluso el propio magnate de la prensa William Randolph Hearts (brillantemente inmortalizado por Orson Welles en Ciudadano Kane) quedó tan fascinado por el talento de Salomon en un trabajo que le encargó, que decidió comprar una Ermanox a cada uno de sus cincuenta fotógrafos, desgraciadamente los resultados no fueron los esperados ya que se dio cuenta de que  no contaba con cincuenta Salomons.



    Salomon se especializó en temas políticos y conferencias internaciones, donde su figura era respetada como ejemplo de la discreción y la elegancia periodística. Fue el primero de una larga lista de fotoperiodistas que aparecieron a mediados de los años 30, liderados por Robert Capa y Henri Cartier-Bresson. Suya fue una nueva fotografía más cercana, natural y directa, de geométricas composiciones, donde la cámara y el fotógrafo pasaban desapercibidos como simples testigos de la realidad.

    Pero la prometedora carrera de Erich Salomon, como la de muchos otros talentos alemanes, se truncó con la llegada al poder los Nazis. Salomon emigró a Holanda pero fue hecho prisionero tras la invasión nazi del país y deportado a Alemania donde fue asesinado en 1944 en el campo de concentración de Auschwitz junto a su esposa y su hijo. Posteriormente, en honor a su nombre se creó el Premio Dr. Erich Salomon para destacar la calidad de trabajos de periodismo fotográfico.

    Para saber más:

    http://www.comesana.com/salomon.php

    http://es.wikipedia.org/wiki/Erich_Salomon

    http://reportajegrafico.wordpress.com/el-periodo-de-entreguerras/erich-salomon-y-la-candid-photography/











  • Arte en la cocina o la cocina como arte



    Pese a lo que podamos pensar, no se trata de un artículo sobre Ferran Adrià o las excelencias de la cocina creativa catalana, sino de, sencillamente, el arte en la cocina o la cocina como obra de arte, como lugar físico de habitabilidad y sociabilización. El MoMa de Nueva York ha preparado recientemente una interesante exposición sobre la transformación de la cocina a principios del siglo XX como nuevo símbolo de mejora social, y su sublimación como escenario central de la esfera doméstica del siglo XX.

    La cocina era considera antaño reducto de la servidumbre, lugar ajeno a la clase dominante, alérgica a cualquier tipo de trabajo manual. Pero a  partir de los primeros años del siglo XX, las innovaciones electrodomésticas (frigorífico, horno, electricidad, etc.) y la nueva importancia que adquirió el diseño interior y el mobiliario derivado del auge del Art Decò (el Arts and Grafts angolsajón) permitieron una revisión de la posición de la cocina como nuevo centro moderno de la vida urbana del nuevo siglo. La cocina devino un centro neurálgico del hogar “moderno” del siglo XX, un icono del refinamiento del urbanita adinerado capaz de autocomplacerse él mismo con las delicias más exquisitas fabricadas en su propia cocina.



    La exposición “Counter Space: Design and the Modern Kitchen” nace de la reciente adquisición por parte del MoMa de la mítica cocina “Frankfurt Kitchen” diseñada por la arquitecta Grete Schütte-Lihotzky a mediados de los años 20 en el marco de la dura situación de posguerra que vivió Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un revolucionario modelo de cocina que con un diseño compacto y ergonómico, llevó a las viviendas populares un nuevo enfoque integrado acerca del almacenamiento, el equipamiento y las superficies de trabajo, reflejando un compromiso de transformar la vida de la gente común y corriente a una escala ambiciosa.



    Desde entonces las cocinas han ido evolucionando como verdadero centro de la esfera doméstica de nuestro tiempo, auténtico corazón de nuestra casa y epicentro de las innovaciones creativas y tecnológicas de nuestro hogar. Diseño e innovación van ligados al nuevo concepto de cocina, de la que salen algo más que meros alimentos: sale arte.

    La exposición se podrá ver hasta el próximo 21 de marzo, y la misma incluye, a parte de esta cocina de Schütte-Lihotzky, muchos objetos, tanto funcionales como bellos, diseños interiores y útiles de cocina que se sumaron a las tareas cotidianas de las que hoy en día casi nadie está exento. Los prestigiosos cocineros representantes de la alta cocina vinieron después, pero eso ya es otra historia…

  • Opio, la flor maldita



    Siempre me ha fascinado el opio, una droga con un contenido sensual y una áurea onírica singular. Una droga de otras épocas, de un  mundo distinto, encorsetado en unos convencionalismos sociales y unos tabús que fácilmente se mancillaban. Cruzar la línea de lo prohibido era mucho más tentador que ahora, época de grandes libertades y progresismo barato.

    A finales del siglo XIX y principios del XX el opio intoxicó con su magnetismo a personas de todas las condiciones, abogados, ricos terratenientes, bohemios, o mugrientos  pordioseros, todos ellos alienados en camillas roñosas y rodeados de una niebla narcótica de felicidad irreal.

    No debe pensarse en la vida con la mente, sino con el opio”. André Malraux, ‘La condition humaine’

    El opio, gracias a su ingrediente activo, la morfina, adormece el dolor, produce júbilo, induce al sueño -por eso fue utilizado como calmante infantil- y reduce las aflicciones. En el siglo XIX era el ingrediente primario de incontables medicinas de patente que se utilizaban para aquietar a los bebés llorones, calmar los nervios destrozados y restaurar una apariencia de salud a millones de personas. Lo cierto es que el opio era un reclamo popular en la incipiente publicidad de la época.



    El mal del siglo XIX

    La moda del opio que alarmó a gobiernos y ciudadanos se alargó durante casi un siglo. El “sagrado jugo de la amapola” llegó a Occidente alrededor de 1850 traído de China por los viajeros y marineros europeos y los inmigrantes chinos. Dotado de un aura sin igual de decadencia oriental atrajo por igual a escritores, artistas y gente rica como a marineros, prostitutas y gente a la deriva, vamos, los márgenes de la sociedad por arriba y por abajo. En realidad, el espíritu de aventura y curiosidad que dio a la mente el siglo XIX la libertad de experimentar con lo desconocido, provocó una reacción que se manifestó en el arte y la literatura.



    Pero la historia del opio viene de muy lejos: hay pocas dudas de que la adormidera fue utilizada y comercializada durante milenios por todo el Mediterráneo, el Cercano Oriente, el Asia Menor y la Europa Occidental como una planta de múltiples beneficios, que daba alimento, forraje, aceite y combustible. Su relación con la literatura se inicia también muy pronto con un pasaje de la Iliada de Homero en la que Helena de Troya adereza cierto vino con nepenthes, “una droga que tenía poder contrario al aguijón de la aflicción y la ira al desvanecer todas las memorias penosas”. Más tarde el mismo Ovidio, prócer del latín clásico, aludía a él en sus Fasti (Fiestas):

    Su semblante calmado adornado de amapolas, trajo la noche, y en su séquito trajo sueños oscuros

    Científicamente la magia de la amapola viene de la morfina, el principal ingrediente activo del opio. Friedrich Wilhelm Sertürner aisló la morfina y publicó sus resultados en 1805, y su popularización irrumpió en pleno siglo XIX con la invención de la aguja hipodérmica funcional por parte del doctor Alexander Wood en 1853. Al actuar como analgésico y aliviar el dolor, la morfina bloquea los mensajes de dolor al cerebro, produce euforia y amortigua las ansiedades y tensiones. También suprime la tos, estriñe al inhibir el flujo de jugos gástricos, retarda la respiración y dilata los vasos sanguíneos de la piel.



    Por su parte la heroína, una sustancia semisintética derivada de la morfina, fue creada en la década de 1870 y redescubierta en 1898 por Heinrich Dreser, un químico de la Bayer. La heroína fue inicialmente comercializada como remedio para la tuberculosis, la laringitis y la tos. Irónicanamente, fue también alentada como cura potencial para la dicción a la morfina.

    Literatura adormidera

    El poder del opio fue tal en el siglo XIX que originó dos guerras entre Inglaterra y China, ganadas por la primera, que desembocaron en que para 1856, con la piratería en pleno auge, el contrabando del opio y la adicción llegaran a niveles nunca vistos. A todo ello, ayudó la ingente cantidad de inmigrantes que fueron llegando a las grandes ciudades europeas y norteamericanas. Además, la fascinación occidental por el opio y la vida en Oriente se vio popularizada por la palabra escrita. A modo de ejemplo, en 1845, un grupo de escritores franceses fundaron el Club des Haschichins con la meta de experimentar con el hachís y el opio, al mismo pertenecieron, ni más ni menos que Honoré de Balzac, Charles Baudelaire o Eugene Delacroix.



    En este sentido, un caso representativo del mimetismo que provocó el opio con la creatividad artística de la época, es el de Jean Cocteau (1889-1963), poeta, escritor, cineasta, novelista y artista que en 1928, ingresó, como fumador de opio veterano, en la clínica Saint Cloud para desintoxicarse (donde produjo la obra Opium: journal d’une désintoxication) y cuyas palabras de despedida no dejan ninguna duda sobre la eficacia del tratamiento:

    El trabajo que me explota necesita opio, necesita opio para dejar el opio, de nuevo, necesitaré meterme en él. Y me pregunto: ¿debo o no tomar opio?… Lo tomaré si mi trabajo lo requiere.

    Y lo requirió. Cocteau regresó a fumar opio y siguió produciendo obras asombrosas.

    La gran expansión

    A partir de la segunda mitad del siglo XIX el opio se volvió una enfermedad universal con su llegada a la costa oeste y este de Estados Unidos. El opio arribó a Nueva York en 1876 y, entonces, los fumaderos de opio se multiplicaron. Ocupados por entero por una casa de tres pisos con pesadas cortinas, ocultaban en su interior un amueblado simple con las esterillas teñidas de rojo y un brumoso humo adormecedor. Por su parte, el instrumental para fumar opio constaba de una pipa, una lámpara de alcohol, una larga aguja y un contenedor de pasta de opio, todo colocado en una bandeja.

    Siempre hay necesidad de intoxicarse: China tiene el opio, el Islam tiene el hachís, el Occidente tiene a la mujer… Quizá el amor está por encima de todos los medios que utiliza el hombre para liberarse de la condición humana…” André Malraux, ‘La condition humaine’

    Pero a inicios del siglo XX la situación se tornó peligrosa,  de pasar de ser un vicio exótico pero legal pasó a ser una actividad criminal manejada por pandillas que vendían drogas por las calles. El 1 de febrero de 1909, la primera Conferencia Internacional sobre el Opio se reunió en Shangai, y tras una segunda (1912) y una tercera (1914) en La Haya se llegó a un acuerdo para propiciar un control más estricto de los narcóticos. Estas conferencias, y otras más, impulsaron a los países a adoptar legislaciones restrictivas en materia de tráfico de drogas que desembocaron en la Poisons and Pharmacy Act de 1908 en Gran Bretraña, la Smoking Opium Exclusion Act de Estados Unidos en 1909, o la Opium and Narcotic Drug Act de 1908 en Cánada. Era el principio del fin del reino de la adormidera en la civilización occidental. Otras drogas llegarían más delante para satisfacer esa necesidad humana de la evasión, de la felicidad artificial.

    Libro recomendado: Opio, un retrato del demonio celestial (Barbara Hogson, 1999).

  • Epic 45 versus Tod Browning’s The Wicked Darling (1919)



    He colgado en Vimeo un montaje musical que mezcla la canción de Epic 45 “The Future is blinding” con imágenes del inicio de la película muda “The Wicked Darling” de Tod Browning, estrenada en 1919.

    La película

    The Wicked Darling se consideró durante muchos años perdida hasta que en 1990 se encontró una copia en mal estado en Holanda que pudo recuperarse parcialmente. Hoy en día podemos disfrutar de 59 de los 74 minutos que duraba la versión completa. La película original reside en el Nederlands Filmmuseum.

    El director

    Tod Browning es conocido por su sorprendente película Freaks (1932) o el mítico Drácula (1931) de Bela Lugosi. Fascinado con el circo de variedades característico de la época, al que después rendiría un amargo homenaje en Freaks, desde los 16 años rodó con diversas compañías haciendo los más dispares papeles hasta que descubrió el incipiente mundo del cine de la mano de un mito como D. W. Griffith, uno de los padres de la cinematografía moderna, que le introdujo en el mundo del celuloide. Sus inicios fueron esperanzadores de la mano de su primer actor fetiche Lon Chaney, con diversos éxitos de taquilla y, posteriormente, con Bela Lugosi, iniciando una caída al vacío en la cruel industria cinematográfica americana. Los grandes estudios nunca comprendieron a un director con una visión muy especial de la vida y el cine, y en su momento alguna de sus obras más reconocidas hoy en día fueron un sonado fracaso de crítica y público. Como muchos otros mitos del cine murió solo y enfermo en su casa de Malibú en 1962.

    La canción

    El tema escogido para acompañar las imágenes de esta mítica película se encuentra dentro del mini álbum del grupo Epic 45 titulado In All The Empty Houses (Make Mine Music, 2009).

    Epic 45 es un proyecto colaborativo iniciado en 1997 por los ‘bedroom producers’ Ben Holton y Rob Glover, dos amigos de la escuela. Durante todos estos años han sido muchos los artistas y las casas de amigos que han colaborado en este singular proyecto, cuyo debut “Shorebound” fue elogiado por el mítico John Peel (Radio 1). Diversos EPs, algún álbum y escasas giras, una de ellas en 2005 acompañando a Hood, forman la carrera de este grupo en cuyo último mini álbum colabora Simon Scott (Slowdive, Televise, Seavault).

  • Jacob A. Riis y el lumpen de Nueva York



    La película “Gangs of New York” de Martin Scorsese nos mostró hace unos años una imagen fascinante, violenta y tenebrosa de la ciudad de Nueva York, lejos de la mítica ciudad que nunca duerme que todos admiramos hoy en día. Lo cierto es que la gran megalópolis norteamericana tiene un pasado oscuro y violento, cimentado en un complicado proceso de absorción de la ingente inmigración europea de mediados y finales del siglo XIX.

    Scorsese en su película hizo un giño muy especial a un fotoperiodista, quizás no muy conocido, pero que tuvo suma importancia en la denuncia de la situación que vivían los inmigrantes en la Gran Manzana en esa época. La imagen que encabeza este post se reproduce en esa película, con los bandidos de la mítica calle de Five Points en actitud chulesca.

    Jacob Augustus Riis, nació en Dinamarca en 1849 y en 1870 emigró a Nueva York donde conoció en profundidad la dureza y la miseria en la que vivían los inmigrantes en las denominadas “casas de vecindad”. Superados estos primeros años, tuvo la suerte de iniciarse como periodista hasta convertirse en redactor jefe de la sección de informaciones policiales del The Tribune. Este trabajo le permitió conocer de primera mano el lumpen de la ciudad y, a la vez, poder documentar y denunciar el modo de vida de los barrios pobres de Nueva York.

    El punto culminante a su carrera llegó de la mano de un invento reciente (1877), el flash, convirtiéndose en uno de los pioneros en su uso y permitiéndole adentrarse con sigilo en los antros más oscuros de la ciudad. A partir de esta experiencia nació su obra cumbre “Como vive la otra mitad” (1890), un libro documental de denuncia con unas extraordinarias fotografías de las calles más mugrientas de la ciudad, pionero en el género del reportaje fotográfico y cuya repercusión posibilitó importantes cambios en el urbanismo de Nueva York. En definitiva, un libro que cambió el perfil de la ciudad.







  • Antoni Arissa, un gran fotógrafo efímero

    Antoni Arissa es uno de esos curiosos casos de talento desperdiciado por la llegada de la Guerra Civil, un conflicto fratricida que no sólo se llevó por delante la vida de cientos de miles de personas sino que dejó a nuestro país huérfano de una cantidad ilimitada de artistas de una sensibilidad extraordinaria. Un caso bien conocido es el de Agustí Centelles, ahora muy en boga por el conflicto de intereses entre la Generalitat, el Ministerio y sus hijos (ver el sensacional reportaje que hizo TV3 al respecto-en catalán-), extraordinario fotoperiodista que nuestro país perdió tras la guerra reconvertido en publicista por la cruel represión franquista.

    Antoni Arissa fue un fotógrafo amateur que gozó de un remarcable éxito en los años 20 y 30 del siglo pasado, años de agitación social, cultural y artística, donde todo era nuevo, todo era emocionante y donde un mente despierta y juvenil tenía muchas cosas que aprender y mostrar. Arissa fue uno de esos jóvenes entusiastas que, seducidos por una técnica artística que iniciaba su reivindicación como arte, se volcó en retratar una época apasionante y llena de vida entre las bulliciosas calles de Barcelona.

    Partiendo de pictoralismo clásico de los primeros 20, Antoni Arissa fue evolucionando al calor de las nuevas propuestas que llegaban del centro de Europa y de la luminosa París: el constructivisto de Rodchenko, la nueva objetividad alemana, la Bauhaus de Nagy, etc.

    Su fotografía es sorprendente, teniendo en cuenta la época en la que la realizó, con picados extremos, nuevos ángulos de visión, estética maquinista y nuevos puntos de vista para mostrar la realidad desde una nueva perspectiva.

    Durante los años 20 participó en concursos, consiguiendo diversos galardones: un premio de la revista Criterium (1922); en el Ateneo Obrero de Gijón (1924), segundo premio en el Ateneo Obrero del Distrito Segundo; premio de honor Amen de Figueres (1925), entre otros. A su vez formó parte en exposiciones internacionales y se relacionó con entitades extrangeras como la Royal Photographic Society.

    Desgraciadamente tras la Guerra Civil cesó su obra artística dedicándose enteramente al negocio familiar. Otro talento perdido por el terrible enfrentamiento fratricida.

    Ver la galería completa del Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya

  • Increíbles fotos de la Rusia zarista de principios del siglo XX



    En 2001 la Librería del Congreso norteamericano expuso una interesantísima muestra de fotografías de la Rusia zarista realizadas por el prestigioso fotógrafo Sergei Mikhailovich Prokudin-Gorskii, el primer fotógrafo ruso en experimentar con la fotografía a color. El zar Nicolás II encargó a Prokudin-Gorskii retratar la vida, la sociedad, la naturaleza, la arquitectura y las tradiciones populares de un Imperio Ruso que estaba apunto de sucumbir. Para ello, el afamado fotógrafo ruso dispuso de un tren especial equipado con un vagón que ejercía de cámara oscura, además de todos los salvoconductos necesarios para fotografiar con amplitud todos los rincones del Imperio de 1909 a 1915. Se trata de un documento único e impresionante que refleja la diversidad del Imperio zarista.

    Entre 1909 y 1915, Prokudin-Gorskii recorrió el amplio Imperio Ruso documentándolo con imágenes y dando a conocer la magnitud del imperio a sus habitantes. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos compró, en 1948, las imágenes a sus herederos y, en 2001, organizó la exhibición El Imperio que fue Rusia. Para esa ocasión se realizó el copiado digital de sus imágenes a partir de los tres originales monocromáticos de cada foto.

    Su proceso utilizaba una cámara que tomaba una serie de fotos monocromáticas en secuencia muy rápida, cada una a través de un filtro de color diferente. Al proyectar las tres fotos monocromáticas con luz del color adecuado era posible reconstruir la escena con los colores originales. Sin embargo, no disponía de mecanismo para realizar impresiones de las fotos así obtenidas.















    Ver la colección completa

    También en Flickrt

    + info: wikipedia

  • Jacques Henri Lartigue en CaixaForum



    Desde el pasado 5 de mayo puede verse en el CaixaForum de Barcelona una excelente exposición del fotógrafo francés Jacques Henri Lartigue (1894-1986), un bon vivant que hizo de su vida una obra de arte. Revisando cada una de sus fotografías haces un recorrido fascinante por la vida de una persona que ha disfrutado viviendo, experimentando, sorprendiéndose de los avances de nuestra sociedad y de la belleza que desprenden las pequeñas cosas. Además, Lartigue tuvo la habilidad de saber capturar estos pequeños detalles, esos momentos precisos retenidos en un proceso químico que los hace imperturbables y duraderos, que permiten que 70 o 80 años después, nosotros podamos ser partícipes de esas mismas experiencias.

    Precisamente, esta exposición se titula “Un mundo flotante” con la intención de remarcar la obsesión de Lartigue por captar esas pequeñas cápsulas de felicidad, voluntad que además desarrolló precozmente, a la tierna edad de ocho años al iniciarse con su primera cámara fotográfica. Sorprenden esas primerizas fotografías de una infancia feliz y acomodada, pero ya se intuyen esa obsesión por capturar el instante. En esta primera época se recrea en un mundo que poco a poco desaparecerá, la sociedad de preguerras, con sus vestidos decimonónicos recargados y ostentosos, en ella nos muestra la cautivación que suscitaban en esta sociedad las nuevas invenciones en el campo del transporte y el ocio, los deportes y el mar, que siempre será uno de sus temas predilectos. Más adelante, en su juventud, que coincide con los fascinantes años 20, la explosión de color, la felicidad y sobre todo la belleza, caracterizada por sus musas irradian todas sus fotografías. La obsesión por captar un mundo flotante en este punto ya es mayúscula y no abandonará su fotografía hasta el final, como podemos ver en la exposición: captura saltos, sonrisas, expresiones de júbilo, etc. En todo caso, sorprende, por otro lado, la ausencia de elementos negativos que perturben esa línea narrativa, elementos que a buen seguro debió sufrir, como todos los europeos, con los mazazos que supusieron ambas guerras mundiales. Lo cierto es que Lartigue ni los menciona y ni les da pábulo. La vida sigue y la belleza continua imperturbable.













  • Josep de Togores, un retratista singular



    Paseando por el MNAC viendo la exposición “Convidats d’Honor” (Invitados de honor) me sorprende un retrato fascinante de un hombre con rasgos asiáticos de uno de tantos artistas de la vanguardia catalana de principios del siglo XX, es Josep de Togores. Me zambullo en Internet a la búsqueda de más información sobre este artista, para mí totalmente desconocido, y descubro una obra muy interesante donde destacan los particulares retratos de sociedad que hizo este artista, sobre todo en los años 20 del siglo pasado.



    Josep de Togores nació en Cerdanyola del Vallés (Barcelona) en 1893 y a los 13 años sufrió una meningitis que le dejó sordo, lo que le lleva a interesarse por la pintura. Gracias a una beca del Ayuntamiento de Barcelona en 1913 viaja a París, en plena Belle Epoque. Allí se empapará de las principales vanguardias artísticas del momento. Entra en contacto con Paul Cézanne y en Bruselas una de sus obras “El loco de Cerdanyola” es premiada en la Exposición Internacional. Tras una etapa de impresionismo, vuelve un tiempo a Barcelona, hasta partir de nuevo rumbo a París, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. Allí entrará en contacto con la flor y nata artística del momento, artistas como Georges BraqueArístides MaillolMax Jacob o el mismo Picasso, le introducen en el surrealismo o el cubismo, que integrará de una manera armónica en su obra. Es la época de mayor esplendor y de reconocimiento internacional, cuando se convierte en uno de los artistas más reconocidos de Europa.



    En los años 30 vuelve a Catalunya e inicia un periodo de gran actividad retratística, siendo uno de los artistas más cotizados del momento y requerido por toda la alta burguesía catalana en los años previos a la Guerra Civil. Como a tantos otros artistas de su generación, este conflicto fratricida le obliga a exiliarse en París, pero puede volver a Barcelona donde  continuará trabajando con gran prestigio hasta su muerte, atropellado en el Paseo de Gracia de Barcelona en 1970.















    + info:

    Conversaciones de Jose Tugores

    http://pintura.aut.org/SearchAutor?AutNum=14238

    http://lozzanoart.blogspot.com/2009/05/josep-de-togores.html

  • Vida y muerte en el Tercer Reich


    Todos hemos visto montones de películas sobre la Segunda Guerra Mundial, hemos leído multitud de historias alrededor del Tercer Reich, hemos visto documentales sobre el nazismo, pero siempre lo hemos hecho desde fuera, pero ¿cómo se vivía realmente en la Alemania nazi? No sólo siendo un judío, sino como un alemán corriente. Un alemán corriente quizás fascinado por el nazismo o un alemán corriente de izquierdas que abomine este régimen. Pues este libro de Peter Fritzsche, profesor de historia de la Universidad de Ilinois, nos desvela como se vivía en pleno Tercer Reich, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello se apoya en cartas, diarios personales no sólo de personalidades del régimen sino de gente normal de la calle, soldados enamorados, judíos perseguidos, familias trabajadoras, etc.



    Instituciones públicas instauradas por el régimen nazi como el Kraft durch Freude (Fuerza a través de la Alegría) que permitía a todos los alemanes disfrutar de unas merecidas vacaciones en las costas del mar del norte o las modernas o las espectaculares Autobahns hicieron que muchos alemanes vieran con buenos ojos ese agresivo y violentamente arrollador misticismo que brillaba alrededor de Hitler y el nazismo. Realmente fueron pocos los que alzaron la voz contra los nazis en el interior de Alemania, pero sí que es verdad que, sobre todo tras las primeras derrotas en Rusia, fueron muchos los que se dieron cuenta que este régimen que prometía vacaciones para todos y un Wolkswagen en cada casa tenía un trasfondo muy oscuro.



    Todos vieron, y muchos participaron, en los horribles hechos de la Kristallnach en 1938 y posteriormente cualquier alemán que tuviera uso de razón pudo ver en algún momento, ya sea en una estación de tren, ya sea al salir de una fábrica, los cientos de miles de polacos y rusos que formaron parte de la manadas de mano de obra esclava que utilizó el régimen nazi para hacer posible el extenuante esfuerzo de guerra alemán en casi todas las ciudades del Reich.



    La parte más fascinante de este libro llega con el relato de las barbaridades que los nazis hicieron en Polonia y, sobre todo, lo que intentaron hacer: desplazar a todos los polacos a la parte más oriental para repoblar todo la parte occidental con inmigrantes alemanes, en su mayoría procedentes de Rusia, Ucrania o Bohemia. Una auténtica barbaridad poco estudiada que afectó a prácticamente a toda la población de ese país, sin hablar de lo que tuvieron que pasar los judíos que formaban la comunidad hebrea más grande de Europa occidental. También se analiza en el libro el extravagante Plan Madagascar que pretendía enviar a todos los judíos de Europa a morir en esta isla africana, entonces en posesión de Francia o la escandalosa sangría que llevaron a cabo los Einsatzgruppen, las unidades móviles de las SS que recorrieron todos los territorios ocupados aniquilando judíos y bolcheviques sin importar si se trataba de mujeres y niños. Lo cierto es que el libro nos demuestra mediante testimonios directos que muchos oficiales y soldados del ejército regular también participaron en carnicerías como la de Babi Yar, un barranco cerca de Kiev en el que durante dos días de septiembre de 1941 se fusiló a 33.771 judíos, la mayoría ancianos, mujeres y y niños.



    En definitiva, un libro duro pero tremendamente interesante por esta nueva perspectiva que da al nazismo, al nazismo desde dentro. Los sentimientos de fascinación, de patriotismo, e incluso de orgullo que sintieron en época temprana muchos alemanes nos resultan muy sorprendentes. Pero, ¿qué hubiéramos hecho nosotros en ese contexto y en ese momento de la historia? Da vértigo pensarlo…

    http://www.ed-critica.es/libro/vida-y-muerte-en-el-tercer-reich-978847423863