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  • La Barceloneta, de barrio marinero e industrial a paraíso del tapeo



    Hoy en día el barrio barcelonés de la Barceloneta es conocido como uno de los lugares turísticos con más encanto de la ciudad. Cerca de la playa más popular de Barcelona y repleto de bares de tapas y marisquerías, su imagen bohemia y mediterránea lo han convertido en un clásico de las guías turísticas más “in”. Pero la historia de este barrio marinero es muy diferente a lo que nos podemos imaginar.

    Para descubrirla nos hemos de transportar al año 1477 cuando en una de las múltiples ampliaciones del puerto de Barcelona se decidió construir un espigón. Gracias a esta actuación sobre la fachada marítima de la ciudad en esa zona se fueron acumulando sedimentos: el mar iba acumulando arena y Barcelona ganaba más espacio. Así nacía un nuevo emplazamiento que los ciudadanos de la abarrotada ciudad condal, constreñida entonces aún por las murallas, podían aprovechar.



    La primera piedra del nuevo barrio se colocó el 3 de febrero de 1753 y contaba con un diseño urbanístico innovador sobre un proyecto del ingeniero militar Juan Martín Cermeño. Se trataba, como puede verse hoy en día, de un triángulo irregular alineado con la línea de costa por el lado más largo. El trazado establecía quince calles largas, cortadas por quince calles más cortas. Esto daba como resultado unos rectángulos de casa uniformes de muy poca profundidad.

    Además, como la Barceloneta era un barrio surgido de la acumulación de sedimentos, no era muy recomendable levantar más de dos plantas de altura. Pero el crecimiento demográfico y el mercado inmobiliario acabaron provocando que la mayoría de edificios se levantaran, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, entre tres y seis pisos. Hoy en día aun podemos ver algunos edificios originales de este barrio, aunque son muy pocos, ya que la mayoría sufrieron estas modificaciones o se ha deteriorado por abandono. El ejemplo más claro podemos verlo en el número 6 de la calle Sant Carles.



    Los primeros habitantes

    El nuevo barrio de la Barceloneta fue ocupado en sus inicios por muchos de los antiguos habitantes del barrio de la Ribera que vieron como derribaron sus casas tras la Guerra de la Sucesión para construir la Ciudadella (en el año 2002 las obras en el antiguo mercado del Born desenterraron parte del barrio de la Ribera que fue destruido para construir este recinto militar).  Curiosamente la propia disposición de los bloques de casas orientados a la Ciutadella respondía a un objetivo militar, permitía controlar todo lo que pasaba en el barrio.



    Ya en aquella época, la Barceloneta era un barrio marinero donde se iba a comer pescado en algunos de los merenderos que flanqueaban unas playas que, lejos de la imagen bucólica que podemos tener ahora, no destacaban por su belleza sino por su arena polvorienta y sus aguas contaminadas por los vertederos del alcantarillado de la ciudad. Algo que empeoraría con la siguiente trasformación que sufrirá el barrio.

    La Revolución Industrial

    La Revolución Industrial llegó a Barcelona de la mano del industrial Josep Bonaplata en 1831, quién instaló en su fábrica de la calle Tallers de Barcelona la primera máquina de vapor (el nombre de la calle no debe inducir a error, ya que se refiere a los “traiers” o “tallers”, personas que tenían como oficio cortar la carne). Pero la situación política inestable combinada con el temor de los obreros a que las máquinas les quitarán el trabajo provocó que una noche de agosto de 1835 la fábrica fuera incendiada. Este hecho provocó que la incipiente industria barcelonesa buscará nuevos espacios para su expansión fuera de la murallas de la ciudad. Uno de estos espacios era el barrio de la Barceloneta que además estaba muy cerca de Rec Comptal, recordemos que la industria textil necesitaba gran cantidad de agua para funcionar.

    Así, a partir de la segunda mitad del siglo XIX fueron muchas las fábricas que ocuparon las calles del barrio. En la actual calle Andrea Dòria estava situada la Nueva Vulcano, especializada en la construcción de máquinas y reparación naval. En la calle Sant Carles se encontraba la antigua fundición Lacambra, en el número 26, y en el 32 de la calle Ginebra la Pfeiffer, la primera fábrica del Estado dedicada a fabricar maquinaria agrícola.



    Pero sin duda, la principal fábrica de la Barceloneta era la Maquinista Terrestre y Marítima, situada desde 1852 en la antigua calle Sant Ferran, hoy merecidamente rebautizada como calle de la Maquinista. La alta demanda de construcciones con hierro fomentadas por el desarrollo del ferrocarril la convirtieron en un auténtico monstruo del motor económico de Catalunya. En el siglo XX esta fabrica inicio su deterioro hasta su definitivo cierre en 1963, trasladando toda su producción a la central de Sant Andreu que había empezado a construirse en 1918. Hoy en día la antigua fábrica de la Maquinista en Sant Andreu es un conocido centro comercial.

    Como última muestra curiosa del ingenio técnico que imperaba en aquella época en la Barceloneta cabe destacar el caso de Miquel Escuder, el primer fabricante de máquinas de coser de España. Escuder, que había trabajado en la Maquinista como mecánico, como no tenía medios para fabricar locomotoras, que es lo que hubiese querido, decidió fabricar sus propias máquinas de coser, un nuevo invento que acaba de introducir la norteamericana Singer en nuestro mercado. Tras unos inicios esperanzadores, la feroz competencia yanki le hizo daño y decidió embarcarse en la construcción de motores de gas, siendo el pionero también en este negocio. Todo un personaje.

    Resurgir

    En pleno siglo XX al tiempo que las industrias irían abandonando la zona, los antiguos merenderos de pescadores fueron evolucionando hacia los tradicionales chiringuitos de la Barceloneta (destruidos a principios de los 90) que junto a los diversos baños públicos como los Baños Orientales, los baños El Astillero, los de San Miguel y los de San Sebastià (ver post anterior), convirtieron al barrio en una nueva zona de ocio para la ciudad.



    Pero la evolución más intensa, cuando menos, se vive entre 1986 y 1992, con motivo de las Olimpiadas, cuando desaparecen los tinglados (grandes almacenes de mercaderías que tapaban la visión del puerto), los chiringuitos y los baños y se abren espacios nuevos, como el muelle de la Barceloneta y el Paseo Marítimo. La población empieza a entrar en retroceso y el barrio inicia una orientación hacia el sector turístico.

    Es la Barceloneta que conocemos hoy, que pese a los cambios originados sigue conservando ese poso histórico dejado por tres siglos de evolución desde el barrio marinero que cobijó a los habitantes expulsados de la Ribera a su transformación en barrio obrero y su posterior renacimiento como barrio cosmopolita, epicentro turístico de playas, sol y tapas.

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