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  • Nadar, el primer gran fotógrafo profesional



    En 1860, apenas 20 años después de que Daguerre presentara su invento en la Academia de Ciencias de París, Gaspard-Felix Tournachon, más conocido como Nadar, abría su impresionante estudio de fotografía en el mítico Boulevard des Capucines de París. El conocido caricaturista había comenzado a coquetear con la fotografía a principios de la década de los cincuenta y llegó incluso a obtener una medalla de Oro en la Exposición Universal de París de 1855.

    Reconocido caricaturista de la Francia del Segundo Imperio, Nadar utilizó la fotografía en un principio como mera herramienta para fotografiar a los modelos que después plasmaba en sus caricaturas de personajes famosos como Charles Baudelaire, Honoré de Balzac o George Sand, que recogió en la extraordinaria Pantheón Nadar.



    En los cincuenta del siglo XIX el daguerrotipo estaba de moda, la fotografía había iniciado la carrera comercial. En 1840 Wolcott y Johnson abrían en Nueva York el primer estudio de fotografía comercial y un año después se abría en Londres el primer estudio europeo de la mano del industrial del carbón Richard Beard. En poco tiempo el retrato fotográfico causa furor en las principales capitales europeas entre la burguesía más adinerada. Protegidos por estuches de cuero y enmarcados en oro, los pequeños retratos fotográficos se convierten en un objeto imprescindible para las clases altas europeas y norteamericanas, los estudios de fotografía se multiplican.



    En París se pasa de una cincuentena de estudios de fotografía a finales de la década de 1840 a ocho veces más a finales de la década de 1860. El mismo Nadar se reirá de esta fiebre de los estudios de fotografía en su obra Lluvia de fotógrafos, a la vez que abría el suyo propio en la misma época…

    Pero el empujón definitivo de la fotografía comercial llega con el desarrollo del nuevo formato carte de visite, más manejable, barato y reproducible. Patentado por el fotógrafo Brest Dideri en 1854, este nuevo procedimiento consistía en realizar sobre una misma placa de negativo al colodión, cuatro, seis u ocho tomas, gracias a un chasis especial o una cámara con varios objetivos. Con este nuevo método se obtenían imágenes de pequeño tamaño (6×10 cm) que se pegaban en un cartón con un formato clásico de tarjeta de visita. De este modo la fotografía se ponía al alcance de todos los bolsillos. Si un retrato de daguerrotipo costaba en 1855 entre 25 y 125 francos, según el formato, una carte de visite se vendía por solo 1 franco la pieza.

    El fenómeno social se populariza y es entonces cuando Nadar da el gran salto y se decide a abrir su fantástico estudio de fotografía en una de las avenidas más prestigiosas del nuevo París que está diseñando el Barón Haussmann, el boulevard des Capucines. Se trata de un impresionante inmueble acristalado presidido por la firma de Nadar en un escandaloso rojo escarlata. Su interior, como era habitual en los estudios de la época, estaba trufado de obras de arte y estrafalarios objetos de lujo de dudoso gusto. En su estudio todo es rojo desde el suelo al techo, cuyo tejado cuenta con un suntuoso jardín que hace las delicias de sus clientes a los que atienden más de 50 empleados en su momento álgido.



    Nadar cuenta con el prestigio de haber ganado la medalla de oro en la Exposición Universal de 1855 con la impresionante serie de fotografías del mimo Deburau realizada junto a su hermano Adrien. En un principio se especializa en los retratos de la bohemia parisina de la que es un asiduo y, posteriormente, con la explosión de la moda de la carte de visite se pliega a la fotografía comercial pero siempre aportando su toque personal.

    Nadar jugaba con las composiciones de sus retratos como si de una obra de arte se tratara, los gestos faciales y la iluminación se encargaban de confeccionar la personalidad que saldría retratada en sus fotografías. A diferencia de buena parte de sus colegas aborrecía el artificiosos atrezzo con el que fotografiaban la mayoría de fotógrafos a sus “víctimas” y se negó siempre a practicar coloración o retoque alguno. Buscaba la pureza y la autenticidad de sus modelos consiguiendo unas fotografías intensas que han pasado a la historia de este medio con la categoría de arte.

    Por desgracia Nadar, un simple accionista de su estudio, quebró como muchos otros y su pasión por la fotografía se fue apagando al mismo tiempo que se encendía la mecha de su otra gran pasión: la aeronáutica. Pero eso ya es otra historia.









    Fuente: La invención de la fotografía: La imagen revelada, Quentin Bajac (Blume, 2011)