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  • El subfusil Thompson, el arma ‘cool’ por excelencia de los gángsters de Chicago

    paulmunied6

    La imagen de su cargador circular en forma de tambor se ha incrustado en nuestro subconsciente como imagen más perdurable de los gángsters del terrorífico Chicago de los años 30. El cine y los medios de comunicación del momento ayudaron a generar esta imagen mítica a un arma que resultó sumamente efectiva a no pocos ejércitos y policías de todo el mundo durante gran parte del siglo XX.

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  • La barbarie del siglo XX en cifras



    Si echamos la mirada atrás el pasado siglo se nos aparece como el más violento que ha vivido la humanidad. El nivel de ferocidad, brutalidad y salvajadas que cometieron nuestros antecesores en las distintas guerras que asolaron el mundo no tienen parangón. Sin duda fue el siglo de la barbarie, como decía Hobsbawm “la época de la guerra total”.

    Desde guerras mundiales a guerras civiles o locales, las guerras del siglo XX han tenido una dimensión extremadamente mayor que cualquier conflicto bélico anterior.

    De un total de 74 guerras internacionales ocurridas durante el periodo de 1816 (tras el fin de las guerras napoleónicas) a 1965 que unos especialistas nortemaericanos han ordenado por el número de muertos que causaron, la gran mayoría ocurrieron en el siglo XX.

    Encabezan la macabra lista, obviamente, las dos guerras mundiales, seguidas de la guerra que enfrentó a japoneses contra chinos en 1937-1939 y la guerra de Corea. En todos estos conflictos murieron más de un millón de personas, algo absolutamente inaudito en los conflictos anteriores a nuestra era.

    Como comparación, la guerra internacional más cruenta del periodo postnapoleónico, que enfrentó a Prusia (Alemania) con Francia en 1870-1871, arrojó más de 150.000 muertos, una cifra comparable en el siglo XX a la desconocida guerra del Chaco que enfrentó de 1932-1935 a dos países tan pequeños como Bolivia (3 millones de habitantes) con Paraguay (1,4 millones).

    Pero sin lugar a dudas el mayor símbolo de la barbarie lo encontramos especialmente en los dos conflictos bélicos mundiales. Durante la Primera Guerra Mundial, en la ofensiva alemana de Verdún entre febrero y julio de 1916 se enfrentaron 2 millones de soldados y hubo un millón de bajas. Por su parte en la misma guerra, la ofensiva británica en el Somme costó a Gran Bretaña nada más ni nada menos que 420.000 muertos (60.000 sólo el primer día de enfrentamientos). Una auténtica barbaridad para una sociedad que sufrió un espantoso shock ya que estaba acostumbrada a las románticas batallas napoleónicas donde imperaban la hombría y los uniformes elegantes.


    Sin duda fue la guerra más traumática para la sociedad de la época y la que marcó el punto de partida para la sucesión de matanzas que vería este terrible siglo XX. Francia perdió casi el 20 por 100 de sus hombres en edad militar, Gran Bretaña perdió toda una generación, medio millón de hombres que no había cumplido los 30 años, en su mayoría oficiales de alta graduación. Una cuarta parte de los alumnos de Oxford y Cambridge de menos 25 años perdieron la vida en el conflicto.

    Por su parte en Alemania, aunque el número de bajas fue mayor (1,8 millones) proporcionalmente el número de bajas en el grupo de población en edad militar fue del 13 por 100. Incluso un país que tuvo bajas modestas (116.000) en este conflicto como fue EEUU, hay que recordar que luchó solo un año y medio y en un solo frente, mientras durante la Segunda Guerra Mundial luchó en dos frentes simultáneamente y durante 3 años y medio (sufrió 3 veces más bajas).

    La Segunda Guerra Mundial merece capítulo a parte tras el shock de la primera, ya que en ella entramos en una nueva dimensión de la barbarie que afectará a la propia población civil, hasta este momento ajena a la guerra directa. Aproximadamente 6 millones de personas (en su mayoría judías) fueron exterminadas en los campos de concentración nazis, de los 5,7 millones de prisioneros de guerra rusos en Alemania murieron 3,3 millones, o durante el terrible asedio a Leningrado de 900 días fallecieron cerca de un millón de personas de hambre y enfermedades, por poner algunos ejemplos.

    Las cifras de la Segunda Guerra Mundial son escandalosas, triplican o quintuplican las bajas de la primera, eso sin contar las bajas civiles que hemos comentado anteriormente. Las bajas causadas directamente por la guerra supusieron en tre el 10 y el 20 por 100 de la población total de la URSS, Polonia o Yugoslavia y entre el 4 y 6 por 100 de la población de Alemania, Italia, Austria, Hungría, Japón o de la gigantesca China. En la Unión Soviética el nivel de mortandad masculina fue tal que en 1959, por cada siete mujeres comprendidas entre los 35 y 50 años había solamente cuatro hombres de la misma edad.

    En total perdieron la vida 54 millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial por, aproximadamente, 10 millones en la Primera Guerra Mundial y cerca de 3 millones durante las Guerras Napoleónicas, el único antecedente comparable en el siglo XIX pero con una duración muy superior a la suma de ambos conflictos mundiales (1799-1815). Un siglo de matanzas inhumanas que tuvo su triste epílogo con las guerras yugoslavas de los 90 con más de 100.000 muertos en pleno corazón de Europa. Por desgracia y aunque no lo parezca, en pleno siglo XXI no hemos dejado atrás las matanzas: en el último gran conflicto que aun coletea, la Guerra de Irak o Segunda Guerra del Golfo, los datos registrados por diversos organismos internacionales arrojaban una cifra de muertos en torno al medio millón de personas. La barbarie continua.

    Fuentes:

    • “Historia del siglo XX”, Eric Hobsbawm (Crítica, 1995).
    • “La primera Guerra Mundial”, Michael Howard (Memoria Crítica, 2003).
    • Wikipedia.
  • Republicanos españoles en el gulag



    Son de sobras conocidas las terribles experiencias que sufrieron los republicanos españoles en los campos de concentración nazis, especialmente en Mauthausen, pero resulta sorprendente descubrir las penalidades que sufrieron otros desconocidos republicanos en los campos de trabajo (gulags) soviéticos al terminar la Guerra Civil.

    La semana pasada en el transcurso del Coloquio Internacional “Del Exilio a la Deportación” celebrado en el Museu d’Història de Catalunya, pude conocer esta impresionante historia de la mano de la doctora Luiza Iordache del Institut de Ciències Polítiques i Socials (UB) que está realizando un intenso estudio de estos casos.

    Al parecer, tras la victoria franquista de 1939 llegaron o se encontraban en la URSS unos 4.500 exiliados españoles, entre ellos, 3.000 niños de la guerra, cerca de 150 maestros y auxiliares que les acompañaban, 156 militares (marinos que formaban parte de la tripulación de los 9 barcos incautados por la Unión Soviética al finalizar la guerra), unos 200 jóvenes pilotos de la última promoción formada en Rusia y, por último, alrededor de 1.100 exiliados políticos, en su mayoría miembros del Partido Comunista y el Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC).

    Hacia 1940 y en vista de la coyuntura política internacional con el Pacto Ribbentrop-Mólotov entre la URSS y Alemania y la ocupación de media Europa por parte de esta última, fueron muchos los militares y marinos que pidieron la salida del país incluso reclamando volver a España (sin saber exactamente qué se encontrarían allí). A partir de ese momento empezaron los duros interrogatorios en los terribles centros de detención de Moscú donde se forzaba mediante tortura la confesión de los detenidos, que acababan siendo condenados por traidores de la patria y antisoviéticos.



    La doctora Iordache resalta el caso de 8 jóvenes cadetes republicanos que mostraron públicamente su deseo de salir del país y acabaron condenados a 8 años de trabajos forzados en el gulag por trotskistas. Lo más grave y doloroso de la situación es que fueron precisamente algunos de sus compañeros españoles los que les acusaron.

    El devenir de la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi de la URSS no hizo sino incrementar la presión sobre los exiliados españoles sumidos ya en la desesperación. Muchos de ellos habían sido enviados a trabajar en fábricas indómitas en los confines de Rusia, mientras muchos de los niños de la guerra que llegaron en edad escolar habían caído en la delincuencia acuciados por el hambre.

    Según la doctora Iordache, las detenciones de prisioneros políticos se desarrollaron en tres oleadas: la primera de 1939 a 1942, marcada por la invasión nazi, la segunda de 1942 a 1946, durante la Segunda Guerra Mundial, y la última de 1947 a 1948 con las numerosas pedidas de ayuda de las embajadas extranjeras y surrealistas huídas en baúles diplomáticos.

    En total cerca de 350 exiliados españoles de todos estos grupos fueron internados en los terribles gulags soviéticos durante estas tres oleadas. Allí estos 350 republicanos españoles se encontrarán con los aproximadamente 300 prisioneros de guerra de la División Azul, sus antiguos enemigos, hoy compañeros de celda, ya que el gulag no hacía distinción de nacionalidades ni ideologías.

    En 1948 dentro de la primera oleada de repatriaciones tras la Segunda Guerra Mundial muchos de estos presos intentaron en vano salir del país pero tanto el Partido Comunista español como el Partido Comunista de la Unión Soviética truncaron su liberación acusándolos de fascistas (sí, fascistas a los mismos republicanos españoles que habían luchado una década antes contra Franco) por temor a la propaganda antisoviética que pudieran desarrollar a su vuelta.



    No fue hasta 1954 y, especialmente, en 1956 cuando se inició el retorno junto a los prisioneros de guerra de la División Azul gracias a las conversaciones en Francia entre la España franquista y la Unión Soviética. Fueron 6 expediciones que hasta mayo de 1957 fueron devolviendo finalmente a su país a los restos de los republicanos españoles que sobrevivieron a los gulags soviéticos, a una cruel guerra civil, a la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial y al hecho de ser acusados injusta y deshonrosamente de fascistas, una terrible paradoja que la Historia no debe olvidar.

    La investigación de la doctora Iordache plasmada en el libro “Republicanos españoles en el Gulag (1939 – 1956)” se enmarca dentro de su tesis doctoral, presentada en 2007, y que le valió el Premio a la Memoria de Doctorado en Ciencias Políticas convocado ese mismo año por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona.

    Para saber más:

  • Lyudmila Pavlichenko, la mejor francotiradora del Ejército Rojo



    Hace diez años la película “Enemigo a las puertas” no solo lanzó a la fama a Jude Law como actor sino que también nos permitió descubrir la figura del francotirador soviético Vasili Záitsev, todo un mito en la antigua URSS. Esta fantástica película de Jean-Jacques Annaud, con una espectacular escena inicial de la Batalla de Stalingrado, explica la historia del francotirador soviético más famoso de la Segunda Guerra Mundial, que, al parecer (aun no está del todo claro), disputó entre las ruinas de Stalingrado un sangriento duelo de puntería con otro francotirador alemán, el Mayor König.

    Pero lo cierto es que la Unión Soviética también tuvo a su heroína particular durante la cruenta guerra contra los nazis, del mismo modo que Vasili Záitsev fue una francotiradora oriunda de Ucraina como él. Lyudmila Pavlichenko, que así se llamaba, aprendió el oficio de francotiradora de forma amateur en un club de tiro mientras estudiaba en la Universidad de Kiev. Poco podía imaginar ella que esa afición la convertiría en uno de los mitos del Ejército Rojo.

    Pese a las reticencias iniciales de los reclutadores que querían enrolarla en el cuerpo de enfermeras, la soldado Lyudmila consiguió salirse con la suya y entró a formar parte de la 25ª División de Infantería. Armada con un rifle de cerrojo Mosin-Nagant soviético (adaptado para el tiro de precisión con una mira de cuatro aumentos) pronto destacó por su increíble puntería: en sus dos primeros de servicio en Odesa abatió a 187 soldados y oficiales alemanes. Pese a todo los alemanes ocuparon la zona y su unidad tuvo que ser desplazada al cerco de Sevastopol, en la Península de Crimea, donde ya con el grado de Teniente fue mencionada por el Consejo del Ejército Soviético del Sur debido a sus 257 alemanes abatidos. En total le contabilizaron 309 bajas durante el período en el que combatió durante la Segunda Guerra Mundial, 36 de los cuales eran francotiradores como ella.

    En junio de 1942 fue herida por fuego de mortero y retirada de combate ya como heroína oficial del Ejército Rojo. Entonces la potente maquinaria de propaganda soviética se puso en marcha y Lyudmila fue enviada a Canadá y Estado Unidos donde fue recibida como un héroe. Con esta visita se convirtió en el primer ciudadano soviético en ser recibido por el Presidente de los Estados Unidos, donde realizó multitud de conferencias y discursos. A su regreso a la Unión Soviética recibió la Estrella de Oro de la condecoración de Héroe de la Unión Soviética y el rango de Comandante y pasó el resto de la guerra en la retaguardia como instructora de francotiradores.

    Pero Lyudmila no fue la única, se cree que más de 2.000 francotiradoras sirvieron en el Ejército Rojo, de las cuales solo sobrevivieron unas 500. Heroínas anónimas que perecieron en algunas de las batallas más sangrientas de la II Guerra Mundial.





  • Cuando todo un país se convierte en Schindler: el caso de los judíos daneses



    Todos conocemos el gran ejemplo del industrial alemán Oskar Schindler, inmortalizado magistralmente por Steven Spielberg en el cine, que salvó a miles de judíos de las cámaras de gas o el caso del embajador español Ángel Sanz Briz en Budapest, donde contribuyó a salvar la vida de más 5.000 judíos proporcionándoles pasaportes españoles falsos.

    Pero si hay un caso realmente sorprendente en la historia del Holocausto de los judíos en la II Guerra Mundial es el del pueblo danés que ayudó heroicamente a salvar la vida a prácticamente toda su población judía (más de 7.000 personas por entonces).

    La Invasión de Dinamarca por Alemania fue parte de la Operación Weserübung ejecutada el 9 de abril de 1940, cuando los alemanes cruzaron la frontera danesa violando su neutralidad. Para evitar un inútil derramamiento de sangre, el gobierno danés se rindió casi inmediatamente, y como recompensa se les respetó su autonomía. Inicialmente existió un trato amable de Alemania al pueblo danés durante los primeros años de la ocupación militar, lo cual se puede explicar basándose en la ideología de la superioridad nórdica. Debido a esta situación Dinamarca fue considerada un “protectorado modelo” por Hitler, al punto que se permitió al Parlamento danés seguir funcionando y se mantuvo en libertad al rey Cristian X, aunque los nazis impusieron censura de prensa y controlaban cada aspecto de la vida política y económica del país.

    Todo ello hasta que los continuos ataques de la resistencia danesa en el verano del 42 hicieron cambiar la actitud de los alemanes que inician una dura represión que obliga al Gobierno danés a dimitir en pleno en agosto de 1943, asumiendo entonces los nazis el control absoluto del país. Es en ese momento cuando el mismo Hitler decide iniciar la deportación también en Dinamarca y ordena a las SS el arresto de todos los judíos del país en una redada que se llevará a cabo el 1 y 2 de octubre de 1943.

    Pero el diplomático alemán Georg Ferdinand Duckwitz advierte secretamente a la resistencia danesa de este hecho el 28 de septiembre. Los daneses respondieron rápidamente organizando una campaña nacional para sacar de contrabando a los judíos por mar rumbo a Suecia, que era un país neutral. Advertidos sobre los planes alemanes, los judíos comenzaron a irse de Copenhague, donde vivía la mayoría de los casi 8.000 judíos de Dinamarca, y de otras ciudades, en tren, automóvil y a pie. El pueblo danés les dio cobijo en sus casas, hospitales e iglesias.



    Entonces, en un período de dos semanas, los pescadores ayudaron a trasladar en barco a unos 7.200 judíos daneses y a 680 familiares no judíos a un lugar seguro a través del angosto cuerpo de agua que separa Dinamarca de Suecia. Así, en la redada de las SS en Copenhague y otras grandes ciudades apenas pudieron arrestar a 500 judíos que fueron deportados al ghetto de Theresienstadt en Checoslovaquia.

    Gracias a la valerosa actitud del pueblo danés pudieron salvar la vida de prácticamente todos sus vecinos judíos. En un hecho sin precedentes en los países ocupados por los nazis durante la II Guerra Mundial, en Dinamarca sobrevivió el 99% de la población judía. En el guetto de Theresienstadt tan sólo murieron 51 judíos daneses, la mayoría de avanzada edad. Un ejemplo de como todo un pueblo unido puede hacer frente a la barbarie.

  • El Plan Morgenthau



    Cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin la cuestión que más preocupaba a los aliados era qué hacer con Alemania, un infame país que en 25 años había iniciado dos terribles guerras mundiales. Desde el agresivo y cruel punto de vista de Stalin que apostaba por “liquidar, por lo menos a 50.000 miembros -si no 100.000- del Estado Mayor alemán” al más conciliador de Churchill que sabía de la necesidad de mantener una Alemanía medianamente fuerte que sostuviera el avance de una Rusia cada vez más poderosa, se encontraba la débil figura de Roosevelt, cuya opinión al respecto estaba muy influenciada por la de su ministro del Tesoro, un judío llamado Henry Morgenthau Jr. Morgenthau tenía un plan para impedir que estos sucesos volviesen a repetirse, y consistía básicamente en desmontar la industria del país y reducirlo a un estado agrícola. Considerando la capacidad agrícola del país en ese momento el Plan Morgenthau suponía una hambruna general que podía costar decenas de millones de vida, ya que sólo podrían vivir de la tierra el 60% de la población.

    Los principales aspectos del Plan Morgenthau eran los siguientes:



    El mismo Churchill cuando le presentaron el plan en la conferencia de Quebec (1944) rechazó el acuerdo tildando el plan de “antinatural, anticristiano e innecesario”, por más que se le ofrecía como una forma de potenciar las oportunidades comerciales británicas después de la guerra. De todos modos, Roosvelt utilizó al consejero principal de Churchill, lord Cherwell para disuadirlo, llegando incluso a firmar el documento. Pero las filtraciones a la prensa provocaron que el Plan Morgenthau nunca se llevara a cabo: por un lado, la opinión pública estadounidense se mostró totalmente contraria al plan y, por otro lado, Goebbels se aprovechó de ello para fortalecer la resistencia alemana. Según estimaron los generales de Estados Unidos, equivalió a la incorporación de diez divisiones. Por fortuna para la humanidad el plan de Morgenthau finalmente no se llevó a término y la suerte de los alemanes tras la victoría aliada siguió por otros derroteros muy distintos.

    Fuentes: