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La apasionante historia de los Spanish Department de Hollywood en los años 30

La llegada del cine sonoro supuso un reto para los actores y actrices del cine mudo, muchos de ellos vieron cercenada su carrera de golpe, mientras otros supieron adaptarse a los nuevos tiempos. Pero menos conocido es el problema que se planteó a los grandes estudios con la comercialización internacional de sus nuevas producciones sonoras.

Con la llegada del sonido, a las películas se añadió una nueva e importante barrera cultural para su comercialización en los mercados que no fueran anglosajones: el idioma. Los años 20 habían sido testigos de la expansión internacional del cine americano que había copado las principales salas de proyección de todo el planeta. Los estudios, llegados los años 30, no querían perder esta posición privilegiada y pronto se pusieron manos a la obra para poder mantener esa posición y salvar de una manera rápida el problema que suponía el nuevo cine hablado.

Las soluciones que se encontraron fueron diversas, desde realizar versiones idénticas de sus películas con actores españoles o latinoamericanos, utilizando los mismos sets e incluso el mismo vestuario que la película original, hasta crear películas específicas para cada país. Este hecho fortuito permitió que durante un breve tiempo, hasta que se desarrolló la técnica del doblaje, Hollywood se abriera para los actores, guionistas y directos españoles y latinoamericanos, nacían los efímeros Spanish Departments de los grandes estudios. De esta forma, unos cuantos privilegiados pudieron vivir el sueño americano en la época dorada de Hollywood, los primeros años 30, participando en los denominados “talkies”, las versiones españolas de las películas de los grandes estudios.

Ya en la época de esplendor del cine mudo había en Hollywood algunos actores españoles como José Crespo, María Alba y Antonio Moreno, muchos de ellos captados por los grandes estudios en los castings que organizaban por todo el mundo. Lógicamente, en el cine mudo el idioma que hablase el actor, o incluso su acento, no eran relevantes, y el tremendo éxito del latin lover Rodolfo Valentino había sentado un gran precedente. Así, en los primeros films sonoros se utilizaron actores bilingües para rodar las mismas escenas en inglés y en castellano, e incluso algunas grandes estrellas como Laurel y Hardy, el Gordo y el Flaco, repetían los diálogos que habían aprendido fonéticamente. Pero pronto se vio que este era un camino que no tenía mucho recorrido, y además, el resultado no era demasiado convincente. Por lo que había que buscar nuevas maneras de superar estas trabas, y es entonces cuando los grandes estudios de Hollywood empezaron a organizar sus departamentos nacionales para poder rodar las versiones en cada idioma de las mismas películas con actores y guionistas autóctonos. Para 1930 todos los grandes estudios tenían en marcha hasta 20 departamentos nacionales distintos, y serán en ellos donde estos actores y guionistas españoles tendrán la oportunidad de hacer las Américas, hasta el mismo Luis Buñuel probaría sin mucho éxito la aventura en el French Department de la Metro.

Fueron muchos los actores, directores y guinistas españoles que viajaron a Hollywood a principios de los años 30, la mayoría de ellos ya eran profesionales de éxito en la incipiente industria cinematográfica o teatral española, y sin duda la experiencia les marcaría tanto profesional como personalmente. La comunidad española en Hollywood estaba además apadrinada por una de las mayores estrellas del celuloide, Charles Chpalin, a cuya casa en Beverly Hills el mismísimo Scott Fitzgerald bautizó como The House of Spain, ya que era el punto de encuentro de la comunidad de actores y directores españoles.

Uno de los líderes de esta comunidad española fue el conde de Berlanga de Duero, Edgar Neville, un diplomático de carrera que en 1928 se hizo cargo de la Embajada española en Washington. En cuanto pudo, Neville se trasladó a su adorado Hollywood y muy pronto trabó amistad con las estrellas más gamberras del momento: CharlesChaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford. Sus contactos le permitieron que en 1930 la Metro lo contratara para su nueva Spanish Unit. Él lideró la aventura americana de la colonia española en Hollywood por la que pasaron grandes actores, actrices, guionistas, escenógrafos y directores, que aprendieron una nueva manera de hacer cine en los denominados talkies, las versiones españolas de los grandes films americanos. Para muchos de ellos fue, simplemente eso, una breve aventura, y la mayoría de estas versiones españolas están olvidadas, sólo alguno de ellos hizo finalmente fortuna en Hollywood.

Uno de los talkies más exitosos de esta aventura hollywoodiense fue la afamada versión española del mítico “Drácula” de Tod Browning y Bela Lugosi de 1931, que rodarían de madrugada en el mismo set y con el mismo vestuario, el director George Melford y varios actores españoles y latinoamericanos con Carlos Villarías Llano en el papel principal de Conde Drácula. Muchos cinéfilos consideran esta versión, mucho mejor que la original, ya que los actores españoles y el director, podían ver las escenas rodadas por la mañana por el plantel original y tratar de mejorarlas en el rodaje nocturno, como así fue.

 

 

Carlos Villarías, el protagonista de “Drácula”, era ya un actor lírico de éxito cuando inició su aventura americana en 1915, esta experiencia sumada a su gran dominio del idioma atrajo el interés de Lou Tellegen para incomporarlo a su compañía. En Nueva York forma parte del grupo fundador del Teatro Español, en cuya inauguración representa el drama de Angel Guimerá, «Terra Baixa». De ahí dará el salto a Hollywood en los años 20, donde participará en diversos éxitos del cine mudo, junto a Rodolfo Valentino o Pauline Frederick, antes de fichar para la Fox en 1930. Además del citado “Drácula”, Villarías participará durante más de dos décadas en producciones de Hollywood y México, culminando una gran carrera profesional.

Rosita Díaz Gimeno, que estaba casada con el hijo mayor del futuro jefe del gobierno republicano, Juan Negrín, fue otra de estas actrices que logró triunfar en su experiencia en Hollywood, aunque ya en la segunda etapa. Primero la fichó la Paramount para rodar en los estudios Jointville que tenía cerca de París y donde rodaron las primeras versiones en castellano que la productora americana hacía de sus películas para el mercado hispanohablante. Allí rodó cuatro películas como segunda actriz tras la diva hispana del momento, Imperio Argentina, la misma que más tarde emprendería otra aventura europea, en su caso en la Alemanía nazi, como retrataría la exitosa película “La niña de tus ojos” de Trueba . Fue tras esa experiencia cuando volvió a España en 1932 para conseguir el éxito comercial gracias a sus producciones grabadas en los afamados Estudios Orphea de Barcelona, los mejores del país en ese momento y pioneros del cine sonoro en España. Un año después la Fox se fija en ella para emprender su aventura Hollywoodiense. Pero a diferencia de los demás actores españoles que fueron contratados por la industria norteamericana para realizar las versiones en español de sus película, Rosita llegó a Hollywood como una estrella para protagonizar películas con guión original.

Tras triunfar en América, vuelve a España como una gran estrella y un contrato con Cifesa, la gran productora española del momento. La Guerra Civil le pillará en mitad del rodaje de una gran producción en el bando republicano, en Córdoba. Pasará un año deambulando por la zona nacional intentando ser utilizada como moneda de cambio, al ser la mujer del hijo de Negrín. Finalmente es liberada y puede pasar a París, donde el director de cine Benito Perojo le propone seguir los pasos de Imperio Argentina e irse a rodar a la Alemania nazi, Rosita prefiere volver a Madrid donde el trágico final de guerra la lleva al exilio a Nueva York con la familia de Negrín. A través de Nueva York continuará su carrera cinematográfica en México y posteriormente dará el paso al teatro en Nueva York y México hasta su jubilación.

Salvo estos casos excepcionales, la aventura hollywoodiense duró más bien poco para la mayoría de actores y guionistas españoles. Para 1932 la gran mayoría de los estudios habían adoptado la nueva técnica del doblaje para sus películas que hacía obsoletas las versiones internacionales de sus películas, y todos ellos desmantelaron sus Spanish Departments, en muchos casos finiquitando a los actores para que volvieran a sus países de origen costeándoles el billete de vuelta.

La aventura de los departamentos internacionales fue extramadamente costosa para los estudios, pero sin duda fue una experiencia excepcional para los españoles y latinoamericanos que participaron en ellas, además de la mar de gratificante económicamente. Desgraciadamente muchos de los actores, directores y guionistas españoles que habían aprendido de los grandes estudios de Hollywood no pudieron poner en práctica sus nuevos conocimientos para mejorar la industria cinematográfica española, ya que poco después de su vuelta, la Guerra Civil acabó de golpe con la estimulante vida cultural de los años de la República. Pero tanto en Argentina como en México, esos años fueron los años dorados de su industria cinematográfica, donde sin duda, la experiencia americana tuvo mucho que ver, tanto que hasta los mismos estudios de Hollywood hicieron un último intento de producir películas en español para competir con ellos a finales de los 30. Los últimos estertores de la aventura española en Hollywood.

 

Fuentes:

 

 

mrdomingo

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