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  • Breve historia del beso



    Las primeras referencias escritas que tenemos de un beso se remontan a 1.500 años a.C en los textos védicos de la literatura sánscrita, fundadores de la religión hindú. Aunque no aparece la palabra “beso” si que encontramos referencias indirectas como “lamer” o “bebiendo la humedad de sus labios”. Es evidente que el beso ya estaba muy presente incluso en la etapa prehistórica, como pudimos ver en el caso de la figura amorosa de Ain Shakri (ver post), pero es con la literatura hindú cuando se hace más claramente presente. Hacia la tercera centuria d.C el conocido Kama Sutra cuenta ya con un capítulo entero que describe las mejores maneras de besar a tu enamorada.

    Paralelamente otras civilizaciones como la babilónica incorporan el beso, en este caso como acción de gracias y súplica, en su historia de la creación Enuma elish escrita alrededor del siglo VII a.C. Más conocidas para nosotros son las referencias que aparecen en el Antiguo Testamento como el beso sensual que se describe en la Canción de Salomón: “¡Qué me bese con los besos de su boca: Para tu amor es mejor que el vino “, y más adelante en el Nuevo Testamento con uno de los besos más famosos de la historia: el beso traicionero de Judas a Jesucristo.

    Pero sin duda es la civilización griega con su extensa literatura escrita donde el beso adquiere una gran relevancia como acto de amor, de respeto e incluso de costumbre u uso social. El mismo Herodoto en su “Historia” nos explica que los egipcios nunca besarán a los griegos en la boca, como era su costumbre, porque estos consumen su animal sagrado, la vaca.

    Con los romanos, los grandes besadores de la historia, llega la sublimación del beso como acto social. Serán ellos junto a su incesante poder conquistador quienes introducirán el beso en todas las partes del mundo conocido a través de su Imperio. Los romanos legislarán sobre el beso, cantarán al beso en sus poemas, y lo incorporarán como una práctica común entre hombres hasta llegar a puntos de verdadera obsesión. De acuerdo con el clasicista Donald Lateiner de la Ohio Wesleyan University, los romanos parecen haber desarrollado una auténtica “fijación oral”, expresando un nivel muy alto por lo que era digno alguien de ser besado.

    Los romanos exportarán el beso a todas los rincones del Imperio

    Con la llegada del cristianismo este apasionamiento con el beso se contrae y su lascivia se muda hacia la sacralidad: el beso se convierte en un acto religioso (beso de caridad, beso sagrado). En la Edad Media el beso pasa a convertirse en un acto honorable como una muestra de estatus social: a los reyes se les besan las manos, a los cardenales el anillo (tradición que se sigue practicando), e incluso el beso adquiere forma de contrato en los actos de vasallaje. Es más, como la mayoría de la población no sabía leer ni escribir, el beso se utilizaba como una manera legal de sellar un contrato. El hombre dibujaba un X en el contrato y lo sellaba con un beso para darle legalidad, lo que ha llegado a nuestros días al considerarse la X como símbolo del beso.

    En la Edad Media el beso se utilizaba como una manera legal de sellar un contrato

    Durante la Revolución Industrial el beso en las manos deviene muy popular en Inglaterra evolucionando con el paso del tiempo al apretón de manos, hoy mucho más común en nuestros estándares sociales. El posterior periodo de globalización con el colonialismo integraron el beso tal como lo entendemos hoy (en su versión europea) en todas las partes del mundo, incluso en las que aún no era habitual practicarlo. El mundo imaginario de Hollywood acabó de popularizarlo definitivamente durante el siglo XX. Sin duda el beso se ha convertido en un acto social muy importante para nuestra civilización, el mismo Charles Darwin señalaba en 1872 que la gran importancia que ha tenido el beso en nuestro pasado evolutivo tiene mucho que ver con nuestro innato deseo de conectarnos.

    Leído en http://www.thedailybeast.com