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  • Giovanni Boldini, esencia de mujer “burguesa”



    El siglo XIX se considera el siglo de la burguesía, un momento de eclosión del liberalismo capitalista, del poder del dinero, la Revolución Industrial y las novedades tecnológicas. Pero este emerger de esta nueva y lustrosa clase social vino acompañado de usos más bien anticuados, los burgueses, nuevos ricos, quisieron parecerse a los grandes aristócratas que aún pululaban decadentes por los salones sociales de la época. En este sentido la figura del retratista se volvió trascendental para reflejar el nuevo estatus social al que habían llegado los burgueses y que tanto les había costado.

    A mediados del siglo XIX tras el doloroso y caótico periodo napoleónico y el fenómeno revolucionario del 48 que arrasó Europa, el Antiguo Régimen veía su fin definitivo al tiempo que la Revolución Industrial se expandía por todo el continente desde las islas británicas, era el momento de la alta burguesía, empezaba su reinado. Precisamente en esa época la capital de la pintura europea, el París renovado por Napoleón III y el Barón Haussmann, irradiaba su influjo en la Europa artística del momento y veía nacer nuevos movimientos pictóricos como el realismo o el impresionismo.

    Es en ese momento en el que el joven Giovanni Baldini, nacido en Italia en 1842, arriba a París en plena Exposición Universal de 1867 y conoce a Edgar DegasAlfred Sisley y Édouard Manet. Adapta su pintura clásica a los nuevos movimientos que le asombran en París y empieza a convertirse en el retratista preferido de la féminas de la alta sociedad europea. Primero, tras una breve estancia en Londres en 1870, y después trasladándose definitivamente a París donde trabajará para el marchante más importante de la ciudad, Goupil, para quién trabajaban ya pintores de gran éxito como Marià Fortuny y Ernest Meissonier. Allí se convierte en un pintor de moda y en un claro exponente del brillante y suntuoso estilo dieciochesco.

    El retratismo está muy de moda (ver entrada Courbet y el Realismo en el MNAC) y Boldini aporta todo su talento para crear cuadros preciosistas pero con una mirada particular, captando la expresión de la modelo y plasmando en el lienzo su propia idiosincracia. El resultado es una serie de espléndidas obras que reflejan una época feliz y brillante, hasta cierto punto onírica.

    Algunas de estas obras pueden verse ahora en la exposición “Impresionistas: maestros franceses de la colección Clark” del Caixaforum de Barcelona (hasta el 12 de febrero).

















  • Xavier Miserachs, Barcelona en blanco y negro



    Cuando Barcelona empezaba a despertar del largo letargo producido por la dolorosa y gris posguerra española, hubo un fotógrafo que decidió plasmar esa ciudad que renacía de sus cenizas con la crudeza y la autenticidad del blanco y negro. En un momento en que la película color estaba en auge y el technicolor hacía las delicias de los cinéfilos, Xavier Miserachs, decidió iniciar el proyecto de un libro “a la antigua”, Barcelona blanc i negre (Aymà Editora, 1964), una obra que le llevaría a realizar más de 7.000 fotografías de la ciudad en apenas dos años.

    Se trata de un documento excepcional que incluye una selección de 371 fotografías de Miserachs y textos del historiador Josep Maria Espinàs y un prólogo de Joan Oliver (el poeta Pere Quart). En ellas vemos una Barcelona aún gris y pobre pero que empieza a recibir ingentes cantidades de inmigrantes atraídos por la reciente segunda industrialización que está viviendo Catalunya, edificios levantando sus esqueletos, un parque de automóbiles en auge, todo ello combinado con vetustas chimeneas todavía humeantes y escenas de pobreza.

    Un testimonio de una Barcelona ya desaparecida que, por suerte, ahora podemos volver a disfrutar gracias a que la colección del Fondo Xavier Miserachs ha colocado muchas de estas fotografías en el Flickr del Archivo del Macba. También es muy recomendable echarle un vistazo a la serie Costa Brava Show, otro de sus proyectos de fotolibro centrado esta vez en la costa norte catalana.

    El Fondo Xavier Miserachs, actualmente en proceso de catalogación, cuenta con unos 60.000 negativos, 20.000 transparencias de diversos formatos y 2.500 hojas de contacto que comprenden más de 44 años de carrera profesional desarrollados entre 1954 y 1998. Sus contenidos pasarán a consulta pública a lo largo de los próximos meses. Estaremos alerta.















  • Federico Beltrán Massés, el retratista de las estrellas


    El Museu Diocesà de Barcelona ha inaugurado esta semana la primera gran exposición antológica de un artista singular, Federico Beltrán Massés, titulada “Un pintor en la corte de Hollywood”. La muestra se compone de 200 obras: pinturas, dibujos, documentos, objetos personales, fotografías, etc.

    Beltrán Massés fue un pintor modernista que fue reconocido como el retratista preferido por la aristocracia mundial y las primeras estrellas de Hollywood en los años 20 y 30. Nacido en Cuba en 1885, se formó artísticamente a caballo entre Madrid y Barcelona, donde tuvo como maestros a Joaquín Sorolla y Antoni Caba, respectivamente. A partir de 1916 fijó su residencia en París, donde fue director de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, y en 1920 llegó su gran explosión tras triunfar espectacularmente en la Bienal de Venecia de ese año.

    A partir de entonces le llovieron los trabajos para lo más granado de la aristocracia mundial: el papa Pío XII, los reyes Alfonso XIII de España, Jorge VI del Reino Unido, Humberto II de Italia, Jorge II de Grecia, el Sha de Persia, los maharajaes de Kapurtala, de Indore, la princesa Haag de Dinamarca, y un largo etc. Pero Federico Beltrán Massés también triunfó en el entorno de la otra gran aristocracia mediática que se estaba formando: las estrellas de Hollywood.

    Retrató con su particular mirada a las grandes estrellas de los 20 como Rodolfo Valentino, Pola Negri, Joan Crawford, Douglas Fairbanks o Gloria Swanson, de la misma manera que recibía encargos de los grandes millonarios del momento como William Randolph Hears, los Peugeot, Rothschild, o Forbes. Era el pintor de moda con un estilo personal que aunaba la herencia de los grandes pintores españoles con la belleza onírica del modernismo y el Art Deco de la época, todo ello con la noche y las estrellas como protagonistas.













    Más info:

    http://maestrosdelretrato.blogspot.com/2008/08/federico-beltran-masses.html

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  • La Barceloneta, de barrio marinero e industrial a paraíso del tapeo



    Hoy en día el barrio barcelonés de la Barceloneta es conocido como uno de los lugares turísticos con más encanto de la ciudad. Cerca de la playa más popular de Barcelona y repleto de bares de tapas y marisquerías, su imagen bohemia y mediterránea lo han convertido en un clásico de las guías turísticas más “in”. Pero la historia de este barrio marinero es muy diferente a lo que nos podemos imaginar.

    Para descubrirla nos hemos de transportar al año 1477 cuando en una de las múltiples ampliaciones del puerto de Barcelona se decidió construir un espigón. Gracias a esta actuación sobre la fachada marítima de la ciudad en esa zona se fueron acumulando sedimentos: el mar iba acumulando arena y Barcelona ganaba más espacio. Así nacía un nuevo emplazamiento que los ciudadanos de la abarrotada ciudad condal, constreñida entonces aún por las murallas, podían aprovechar.



    La primera piedra del nuevo barrio se colocó el 3 de febrero de 1753 y contaba con un diseño urbanístico innovador sobre un proyecto del ingeniero militar Juan Martín Cermeño. Se trataba, como puede verse hoy en día, de un triángulo irregular alineado con la línea de costa por el lado más largo. El trazado establecía quince calles largas, cortadas por quince calles más cortas. Esto daba como resultado unos rectángulos de casa uniformes de muy poca profundidad.

    Además, como la Barceloneta era un barrio surgido de la acumulación de sedimentos, no era muy recomendable levantar más de dos plantas de altura. Pero el crecimiento demográfico y el mercado inmobiliario acabaron provocando que la mayoría de edificios se levantaran, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, entre tres y seis pisos. Hoy en día aun podemos ver algunos edificios originales de este barrio, aunque son muy pocos, ya que la mayoría sufrieron estas modificaciones o se ha deteriorado por abandono. El ejemplo más claro podemos verlo en el número 6 de la calle Sant Carles.



    Los primeros habitantes

    El nuevo barrio de la Barceloneta fue ocupado en sus inicios por muchos de los antiguos habitantes del barrio de la Ribera que vieron como derribaron sus casas tras la Guerra de la Sucesión para construir la Ciudadella (en el año 2002 las obras en el antiguo mercado del Born desenterraron parte del barrio de la Ribera que fue destruido para construir este recinto militar).  Curiosamente la propia disposición de los bloques de casas orientados a la Ciutadella respondía a un objetivo militar, permitía controlar todo lo que pasaba en el barrio.



    Ya en aquella época, la Barceloneta era un barrio marinero donde se iba a comer pescado en algunos de los merenderos que flanqueaban unas playas que, lejos de la imagen bucólica que podemos tener ahora, no destacaban por su belleza sino por su arena polvorienta y sus aguas contaminadas por los vertederos del alcantarillado de la ciudad. Algo que empeoraría con la siguiente trasformación que sufrirá el barrio.

    La Revolución Industrial

    La Revolución Industrial llegó a Barcelona de la mano del industrial Josep Bonaplata en 1831, quién instaló en su fábrica de la calle Tallers de Barcelona la primera máquina de vapor (el nombre de la calle no debe inducir a error, ya que se refiere a los “traiers” o “tallers”, personas que tenían como oficio cortar la carne). Pero la situación política inestable combinada con el temor de los obreros a que las máquinas les quitarán el trabajo provocó que una noche de agosto de 1835 la fábrica fuera incendiada. Este hecho provocó que la incipiente industria barcelonesa buscará nuevos espacios para su expansión fuera de la murallas de la ciudad. Uno de estos espacios era el barrio de la Barceloneta que además estaba muy cerca de Rec Comptal, recordemos que la industria textil necesitaba gran cantidad de agua para funcionar.

    Así, a partir de la segunda mitad del siglo XIX fueron muchas las fábricas que ocuparon las calles del barrio. En la actual calle Andrea Dòria estava situada la Nueva Vulcano, especializada en la construcción de máquinas y reparación naval. En la calle Sant Carles se encontraba la antigua fundición Lacambra, en el número 26, y en el 32 de la calle Ginebra la Pfeiffer, la primera fábrica del Estado dedicada a fabricar maquinaria agrícola.



    Pero sin duda, la principal fábrica de la Barceloneta era la Maquinista Terrestre y Marítima, situada desde 1852 en la antigua calle Sant Ferran, hoy merecidamente rebautizada como calle de la Maquinista. La alta demanda de construcciones con hierro fomentadas por el desarrollo del ferrocarril la convirtieron en un auténtico monstruo del motor económico de Catalunya. En el siglo XX esta fabrica inicio su deterioro hasta su definitivo cierre en 1963, trasladando toda su producción a la central de Sant Andreu que había empezado a construirse en 1918. Hoy en día la antigua fábrica de la Maquinista en Sant Andreu es un conocido centro comercial.

    Como última muestra curiosa del ingenio técnico que imperaba en aquella época en la Barceloneta cabe destacar el caso de Miquel Escuder, el primer fabricante de máquinas de coser de España. Escuder, que había trabajado en la Maquinista como mecánico, como no tenía medios para fabricar locomotoras, que es lo que hubiese querido, decidió fabricar sus propias máquinas de coser, un nuevo invento que acaba de introducir la norteamericana Singer en nuestro mercado. Tras unos inicios esperanzadores, la feroz competencia yanki le hizo daño y decidió embarcarse en la construcción de motores de gas, siendo el pionero también en este negocio. Todo un personaje.

    Resurgir

    En pleno siglo XX al tiempo que las industrias irían abandonando la zona, los antiguos merenderos de pescadores fueron evolucionando hacia los tradicionales chiringuitos de la Barceloneta (destruidos a principios de los 90) que junto a los diversos baños públicos como los Baños Orientales, los baños El Astillero, los de San Miguel y los de San Sebastià (ver post anterior), convirtieron al barrio en una nueva zona de ocio para la ciudad.



    Pero la evolución más intensa, cuando menos, se vive entre 1986 y 1992, con motivo de las Olimpiadas, cuando desaparecen los tinglados (grandes almacenes de mercaderías que tapaban la visión del puerto), los chiringuitos y los baños y se abren espacios nuevos, como el muelle de la Barceloneta y el Paseo Marítimo. La población empieza a entrar en retroceso y el barrio inicia una orientación hacia el sector turístico.

    Es la Barceloneta que conocemos hoy, que pese a los cambios originados sigue conservando ese poso histórico dejado por tres siglos de evolución desde el barrio marinero que cobijó a los habitantes expulsados de la Ribera a su transformación en barrio obrero y su posterior renacimiento como barrio cosmopolita, epicentro turístico de playas, sol y tapas.

    Para saber más:

  • Café Torino, el Palacio del Vermut



    El Café Torino, una obra maestra del modernismo barcelonés, fue durante la primera década del siglo XX el Palacio del Vermut y el primer establecimiento de España donde pudo tomarse esta conocida bebida. El vermut lo introdujo en nuestro país su propietario, el italiano Flaminio Mezzalama, que era el gerente de Martini & Rossi para toda la Península. Esta bebida se hizo muy popular en Barcelona, tanto es así que ir a tomar un vermut al Torino se convirtió en una atracción indispensable para todo turista que visitará la ciudad y, por descontado, para la flor y nata de la burguesía catalana de la época.



    Este espectacular edificio, situado en el Passeig de Gràcia número 18, esquina con Gran Vía, fue inaugurado en 1902 y en su diseño intervinieron los mejores arquitectos del Modernismo catalán: Antoni Gaudí, Pere Falqués y Josep Puig i Cadafalch, además de los escultores Massana y Buzzi. Su suntuoso interior estaba decorado con muebles de la prestigiosa casa vienesa Thonet, trabajados bajo la dirección del decorador Ricard de Capmany.

    Tal era la belleza del Café Torino que en 1903 se hizo con un premio, recién creado por el Ayuntamiento de Barcelona, con que se distinguía a los mejores comercios de la ciudad. El Torino cerró sus puertas en 1911 y con él nacía un mito.

    Para saber más:

  • Caribbean Club Cocktail Bar



    En pleno corazón de la Barcelona más turística podemos encontrar un remanso de paz y placer al alcance solo de los iniciados. Es el Caribbean Club, el hermano pequeño del Cocktail Club Boadas, la coctelería más prestigiosa de Barcelona, y uno de los rincones más auténticos de la ciudad. Cruzar su invisible puerta de madera nos adentra en un local de otra época, un rara avis de la Barcelona más moderna y aséptica, un pequeño paraíso del buen beber y del placer de conversar y abstraerse durante unas horas de nuestra anodina cotidianidad.

    Saborear un excelente Bloddy Mary o un Gin Tonic de los de verdad en su barra con alguno de sus habituales es una experiencia única. Además, el local cuenta con la solera y el prestigio de la marca Boadas (está situado a apenas unos metros del clásico Boadas, en la calle Sitges), un emblema de la coctelería en Barcelona y escuela de los mejores barmans de la ciudad.

    Boadas Cocktail Bar

    La historia de la coctelería Boadas se inicia en Cuba de la mano de su creador Miguel Boadas, oriundo de Lloret de Mar, que inició su carrera como barman en las primeras décadas del siglo pasado en el famoso La Floridita, propiedad de su primo Narcís Sara Parera, y en otros míticos locales como el bar del Yatch Club de La Habana. Pero en 1925 tras una visita a España se enamora de una muchacha llamada María y decide volverse a su país, instalándose en Barcelona e iniciando su carrera como barman en la ciudad. Trabajó en el bar Moka, el Nuria, la Maison Doreé y el Canaletas, hasta que pudo hacer realidad su sueño en octubre de 1933 e inaugurar el Boadas Cocktail Bar, la primera coctelería de Barcelona.



    Desde entonces han pasado por este mítico local personalidades como Hemingway, Dalí, Picasso, Miró, Josephine Baker, Miró, Machín, Serrat o Josep Pla, entre otros. Aún hoy en día mantiene el pulso como referente de la coctelería catalana y conserva la misma decoración y el buen hacer de antaño, en un local regentado ahora por la hija de Boadas, María Dolores. Precisamente su marido, fallecido hace unos meses, Josep Luis Maruenda, fue uno de los impulsores del Caribbean Club como un refugio de la autenticidad de los locales de otras épocas.



    Lo cierto es que sumergirte en el Caribbean Club es entrar en otra dimensión, parar el reloj y disfrutar de un ambiente único e irrepetible. Cuenta con una impresionante colección de cocteleras clásicas, como una conmemorativa de final de la ley seca de 1934 o una con forma de pingüino, además de otros objetos marineros como una antigua escafandra y multitud de cuadros añejos, como su esplendorosa colección de Ron. Una visita obligada para todos los amantes del buen beber, a poder ser atendido por su barman oficial, Jose Antonio, un maestro de la coctelería que a buen seguro os va a sorprender.

  • Los Banys de Sant Sebastià de Barcelona


    Hojeando el libro La Barcelona de Roisin dedicado a este fotógrafo francés que retrató la Barcelona del cambio de siglo he descubierto un espacio para mi desconocido y realmente muy interesante: los Banys de Sant Sebastià.

    Inaugurados en 1928 en plena Barceloneta, el denominado Balneario San Sebastià, popularmente conocido como banys de Sant Sebastià, fueron unos de los baños más emblemáticos de la ciudad y los primeros baños de Barcelona en aceptar personas de los dos sexos en el mismo recinto.

    El emblemático recinto fue diseñado por el arquitecto modernista Antoni Millàs, creador también del Casino del mismo nombre, y a juzgar por las imágenes gozó de gran popularidad como ejemplo de la Barcelona moderna plenamente integrada en el siglo XX que poco después caería en el olvido con la llegada de la Guerra Civil.

    Una estampa vintage de las que no estaría mal recuperar y que viene a colación viendo los últimos proyectos urbanísticos acontecidos en la Barcelona del diseño (al hotel W me refiero) y que muestra que lo popular no tiene porqué estar reñido con lo moderno.

    Como último retazo, un poco triste, he encontrado en vimeo un video-performance de 1986 donde podemos ver los restos de los Banys de Sant Sebastià justo antes de que los demolieran. En la actualidad en los antigüos Baños de San Sebastián, encontramos dos clubs de Natación. El decano Club Natació Barcelona y el Club Natació Atletic Barceloneta.
    Banys de Sant Sebastià from delecta on Vimeo.

  • La gran nevada de Barcelona del 8 de marzo de 2010

    Increíble la nevada de hoy (8/03/2010) en Barcelona. Os dejo algunas imágenes captadas al vuelo esta tarde con mi móvil:

    Vídeo: