Las desconocidas exploraciones europeas de América tras el descubrimiento de Colón

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Al amanecer del 12 de octubre de 1492, el vigía Juan Rodríguez Bermejo, de Lepe, dio la señal de que se había alcanzado tierra en un islote del archipiélago de los Lucayos (Bahamas). El almirante Cristóbal Colón al mando de las carabelas la Pinta y la Niña, y la nao Santa María, creía haber llegado a las ansiadas Indias, aunque en realidad acababa de abrir al foco del mundo occidental las tierras americanas. Tras una multitudinaria segunda expedición española con 17 navíos se establecieron las primeras colonias españolas. En la península el conflicto de intereses con el Reino de Portugal se acrecentaba por la disputa portuguesa de lo que denominaban “las nuevas Canarias”. Poco tiempo después y ante tambores de guerra, finalmente el 7 de junio de 1494 se firmaba el Tratado de Tordesillas por el cual Castilla y Portugal se partían las nuevas tierras a partir del meridiano señalado a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, el hemisferio occidental sería castellano y el oriental portugués. Pero el resto de potencias europeas de la época no se quedaron atrás e iniciaron unos desconocidos y sorprendentes viajes a las nuevas tierras americanas.

Simultáneamente a los primeros viajes de Colón a las Indias, diversos países probaron suerte enviando expediciones hacia estas posiciones occidentales, con resultados bastante desiguales. En Portugal, el monarca Juan II a comienzos de 1493, poco después de enterarse del éxito del viaje de Cristóbal Colón, envió al navegante Joan Fernandes Lavrador hacia las nuevas tierras. Poco se sabe de este viaje si exceptuamos los testimonios cartográficos que dejó y que permiten suponer que llegaría a las costas de Groenlandia y la península de Labrador que le debe su nombre.

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Lavrador presumiblemente hizo escala en Bristol a su regreso y sus impresionantes historias animaron al rey Enrique VII de Inglaterra a apoyar el proyecto del navegante italiano Juan Caboto, que había intentado vender infructuosamente su idea de alcanzar las Indias por el noroeste del Atlántico a Castilla y Portugal. De su primer viaje iniciado en 1497 que duró unos tres meses apenas se tienen certezas de sus hallazgos pero a su regresó Caboto afirmó haber llegado a las tierras del Gran Khan despertando el interés del monarca y de algunos magnates ingleses que inmediatamente financiaron su segundo viaje. Caboto zarpó de nuevo en 1498 con una expedición de mayor envergadura que según parece llegó a la isla de Terranova y a las costas de Nueva Inglaterra. La hazaña inglesa de Caboto, contemporánea con la tercera expedición de Colón, puso las bases para las futuras reivindicaciones inglesas sobre Norteamérica.

En 1500, una vez Castilla y Portugal firmaron el Tratado de Tordesillas, el nuevo monarca portugués Manuel I El Afortunado se apresuró a hacerse con su trocito de pastel en el Atlántico septentrional. Gaspar de Corte Real salió de las Azores en julio de ese año y arribó a las costas de Terranova. Junto a su hermano Miguel iniciaron un segundo viaje siguiendo esa ruta que les llevaría de nuevo a Terranova, la península del Labrador y Groenlandia. A su regreso los hermanos se separaron, mientras Miguel volvía hacia Lisboa para dar cuenta de sus descubrimientos, Gaspar tomaba rumbo hacia el Sur, probablemente a tierras brasileñas donde se perdió su rastro. En mayo de 1502 su hermano Miguel salió en su búsqueda y también fracasó. A pesar de todo los testimonios dejados por Gaspar de Corte Real serviría poco después al navegante portugués Pedro Álvares Cabral para el descubrimiento de Brasil.

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La aventura francesa hacia las Indias tampoco tuvo demasiada fortuna. En 1503 el capitán Paulmier de Gonneville salió de Honfleur con destino a las Indias Occidentales, empujado por una tempestad hacia el oeste alcanzó una tierra de la que tomó posesión solemne para Luis XII y almacenó abundantes testimonios de aquellas latitudes, que se perdieron con casi todos los expedicionarios el 5 de mayo de 1504 a la vista ya de las costas francesas. Probablemente Gonneville arribó también a las costas de Brasil.

Décadas después, de nuevo portugueses, franceses, ingleses y holandeses volverían a probar nuevas rutas exploratorias con mayor fortuna y con la confirmación ya que las nuevas tierras descubiertas al oeste eran un nuevo continente. La época dorada de los grandes descubrimientos se abría a la luz, en parte gracias también a estos pioneros europeos olvidados.

 

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