Blade Runner, 30 años de un mito cinematográfico y cultural

Hace 30 años, un 25 de junio de 1982, se estrenaba en cerca de 1.300 salas de cine la cinta de ciencia ficción Blade Runner. Semanas después llegaron a los despachos de los productores unos números bastante decepcionantes, Blade Runner, una película que acumulaba un sobrecoste impresionante, se había convertido en un fracaso total en taquilla. Muchos son los condicionantes que se encontró la película ese año 1982, entre ellos el estreno pocas semanas antes de un auténtico blockbuster como fue ET y otros éxitos de taquilla como Poltergeist o Tron. Pero, ante todo, el tiempo ha venido a confirmar que el público no estaba preparado aún para este tipo de película, una cinta de ciencia ficción de autor ambientada en una ciudad de Los Ángeles hipercontaminada y controlada por grandes corporaciones privadas que han suplantado a los estados (¿les suena de algo?).

El público estadounidense salía de la dura crisis económica de los setenta y lo que más demandaba era diversión y optimismo, emociones en las antípodas del deprimente y opresivo ambiente que respiraba Blade Runner. A todo ello hay que sumar el hecho de que se trataba, quizás, de la última gran película de ciencia ficción rodada sin efectos digitales y realizada solo con maquetas y trucos de cámara como los grandes orfebres del celuloide habían hecho durante más de 80 años.

Pero el paso de fracaso monumental a filme de culto se inició con un complicadísimo proceso de rodaje que se convirtió en una pesadilla para todo el equipo. El director británico Ridley Scott acaba de sorprender al mundo del cine con su primera aventura en Hollywood, “Alien, el octavo pasajero” (1979), cuando le llegó la propuesta de llevar a la gran pantalla el libro de Philip K. Dick¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. En un primer momento rechazó la propuesta porque quería evitar encasillarse en la ciencia ficción, pero mientras iba trabajando en otros proyectos la idea no paraba de rondarle la cabeza, así que finalmente aceptó dirigir la película.

El ambiente del rodaje se perturbó desde el principio debido al conocido perfeccionismo de Ridley Scott, lo que sumado a las maratonianas sesiones de rodaje nocturno, la continua lluvia y el humo omnipresente hacían la situación insostenible por momentos. Aquello que hace tan estéticamente especial a esta película, las humeantes escenas nocturnas, se convirtió en un hándicap para el rodaje ya que al carecer, como hemos dicho, de efectos especiales por ordenador, el equipo se veía  obligado a rodar siempre por la noche entrando en una complicada espiral de insomnio y nerviosismo continuo.

Esta situación hizo además que las jornadas previstas en un principio para final del rodaje se fueran ampliando al tiempo que el presupuesto se iba engordando de la misma manera que se iba engordando el enfado de los productores. La presión de los peces gordos del estudio se hacía insostenible y esto redundaba en el propio Scott, sometido a una gran presión y acuciado también por un reparto que le discutía los guiones frase a frase.

Por si fuera poco a Ridley Scott no se le ocurrió otra cosa que conceder una entrevista en un periódico británico donde a la pregunta de dónde prefería rodar si en Estados Unidos o en su Inglaterra natal, respondió sin pensar lo segundo. Un miembro de equipo se hizo con una copia de la misma y la mostró a sus compañeros que iniciaron un pequeña guerra civil en el plató exhibiendo unas camisetas ofensivas hacia el director. Por suerte Ridley Scott fue lo bastante hábil como para colocarse él mismo otra camiseta aludiendo al caso de forma cómica y la cosa no pasó a mayores.

Una vez finalizado el rodaje in extremis y ya casi sin dinero vino la segunda parte de la pesadilla, la postproducción. El primer montaje previo, que pudo ver con gran satisfacción el propio Philip K. Dick antes de morir, ya despertó el nerviosismo entre los productores que no acabaron de entender la historia. Tras un nuevo montaje llegó el momento de hacer los test con público que funcionaron realmente mal ya que quedaba claro que los espectadores no entendían el final ni el ritmo especialmente lento del film.

Todo ello llevó a los productores a cortar por lo sano y tener la genial idea de optar por un final feliz más en la línea hollywoodiense, incluir una voz en off explicativa y añadir partes del metraje que había sobrado del rodaje de El Resplandor de Kubrick. Ridley Scott montó en cólera y se mostró dispuesto a abandonar el proyecto aunque finalmente decidió firmarlo a regañadientes.

La historia de esta película es tan enrevesada que hasta hoy, 30 años después, contamos con siete versiones diferentes, la última de ellas el reestreno de 2007 celebrado con motivo del 25 aniversario y que, no sabemos si para curarse en salud, se tituló: The Final Cut (el montaje final).

Así podemos encontrar desde la versión original estrenada en Estados Unidos y cercenada por la productora, al montaje internacional que contenía más violencia, la versión para televisión nuevamente editada e incluso una versión pirata no reconocida por Ridley Scott de 1990.

Para 1991 en vistas de su décimo aniversario se preparó el primer Director’s Cut real en el que ya se eliminó la voz en off y el final feliz y se incluyeron algunas escenas desechadas de la original además de restaurar la cinta. Scott, enfrascado por entonces en el rodaje de Thelma y Louise, no acabó de estar demasiado satisfecho del resultado.

No fue hasta el año 2000 que, presionado por fans y por su productora, se sentó definitivamente a montar la versión definitiva en la que se mejoraron los efectos especiales, se digitalizaron los negativos originales y se remasterizó el sonido en Dolby Digital para su edición en DVD. Pero la maldición de Blade Runner volvió a hacer de las suyas y diversos problemas legales con los garantes de la versión original retrasaron su reestreno y comercialización hasta 2007, coincidiendo con su 25 aniversario. Parecía que la larga travesía de Blade Runner por fin llegaba al final.

Así, pese a todos estos problemas, podemos decir que Ridley Scott consiguió tirar adelante la obra y convertirla en unos de los films de culto más importantes del siglo XX. Con una estética retrofuturista basada en la moda afterpunk o ciberpunk  y los escenarios inspirados en la privilegiada mente de Jean Giraud “Moebius”  –precisamente fallecido hace pocos meses- junto con la excepcional banda sonora de Vangelis hacen de Blade Runner un rara avis aun no superado por ninguna producción “moderna”.

A todo ello hay que añadir las espectaculares interpretaciones de Harrison Ford, en su primer gran papel de prestigio tras encarnar a Han Solo e Indiana Jones, una jovencísima Daryl Hannah o los enigmáticos Rutger Hauer y Sean Young.

Pese a los problemas de taquilla que hemos mencionado al principio, no todo fueron malas noticias ya que Blade Runner fue también uno de los primeros filmes en beneficiarse de la llegada de una de las grandes innovaciones de los 80, el video VHS y la televisión por cable. Estos avances que revolucionaron el sector permitieron resucitar a la película que también se vio ayudada por toda una generación de intelectuales de la modernidad de Nueva York que la encumbraron como su obra fetiche de arte y ensayo futurista.

Ambas cosas y sus posteriores reediciones en DVD y reestrenos con la etiqueta “Director’s Cut” han permitido que Blade Runner llegue a su 30 aniversario en plena forma. Una película que nunca te cansas de ver, abierta a múltiples interpretaciones y que sigue conservando un magnetismo especial y una estética imperdurable.

Recientemente Alcon Entretainment se ha hecho con los derechos del film y planea con el mismo Ridley Scott, y se habla también de Harrison Ford, una secuela de Blade Runner que pude añadir nuevos capítulos a la ya más que enrevesada historia de la película.  De momento este año se estrena Prometeus, su particular precuela de Alien, veremos a qué hemos de atenernos.

Para saber más os recomiendo esta entrada del blog alt1040:

http://alt1040.com/2011/04/retro-geek-blade-runner-curiosidades-mas-alla-de-orion

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