Tamara Lempicka, la reina del Art Deco

Los felices años veinte son en realidad una ficción vivida en primera persona por parte de las élites pudientes europeas y norteamericanas. Fruto de unos tiempos convulsos para la historia europea tras la terrible Gran Guerra, cuyo impacto psicológico en la sociedad de la época fue incluso superior al de la Segunda Guerra Mundial, la década de los 20 significó una huida hacia delante por parte de los últimos representantes de la vieja aristocracia europea, los nuevos ricos norteamericanos y la inclasificable bohemia parisina.

En este escenario de lujo hiperbólico, explosión sexual y epopeyas psicotrópicas bañadas en champagne reinó una mujer excepcional y brutalmente libre, Tamara de Lempicka. Como una de las últimas representantes de una aristocracia opulenta y en pleno proceso de descomposición, Tamara reinó durante dos décadas en los salones más atrevidos del París de los locos 20 y la ajetreada Europa de los 30. Con el estilo artístico característico de toda una época, el glamouroso Art Deco, de Lempicka retrató a lo más granado de la sociedad europea desde condes y barones en sus últimas (como el insufrible Alfonso XIII en su retiro dorado de Roma) hasta prominentes socialistas, todos querían posar para esta enigmática mujer de vida azarosa y gusto por la sexualidad más atrevida y la diosa blanca de la época, la cocaína.

Bisexual declarada, coleccionó amantes de todas las inclinaciones sexuales en sus polémicas fiestas parisinas. Conoció a Picasso, Gabriele d’Annunzio, Jean Cocteau y Colette, durante su periodo bohemio en Paris y más tarde se codearía con la nueva aristocracia de Hollywood en su retiro dorado en Beverly Hills durante la Segunda Guerra Mundial, ya en pleno declive artístico.

Tamara de Lempicka viajó en 1911 siendo una niña a Italia con su abuela en una experiencia vital que despertaría en ella el gusanillo artístico. Fascinada por las obras que había visto de los grandes pintores clásicos italianos empezó a pintar a muy temprana edad. Como puede verse observando su obra la huella dejada por Botticelli y otros maestros del Quattrocento es más que evidente pero fue su profesor en París André Lothe, artista y pedagogo del cubismo, quien le introdujo en la senda del Art Deco, un estilo en el que Tamara marcaría una época.

Combinando los colores brillantes del Art Deco con técnicas cubistas y una pincelada pulida y preciosista, Tamara destacó como una retratista excepcional, especialmente tras obtener en 1927 el primer premio en la Exposición Internacional de Burdeos por su cuadro Kizette en el balcón. A partir de entonces se convierte en una retratista renombrada y empieza a cobrar hasta 50.000 francos por retrato, una importante suma para la época. Fueros los años dorados de Tamara, años en los que pinta su famoso e icónico Tamara en el Bugatti verde (1929) como portada para la revista alemana de moda Die Dame.

Paralelamente a su vida bohemia su vida privada también sufriría las consecuencias de esta obsesión hedonista por su trabajo. Casada en primeras nupcias con un potentado abogado polaco, Tadeusz Łempicki, con el que huyó de San Petersburgo tras la Revolución Rusa, de esta relación nacería su hija Kizette con la que tendría una tortuosa relación pasando del abandono inicial en sus años locos hasta una preocupación rayana en lo obsesivo en sus últimos años. En medio de su azarosa vida parisina su primer marido la abandonó cansado de los escándalos y Tamara cayó en brazos de su mecenas y mayor coleccionista, el Baron Raoul Kuffner, con quien se casaría en 1933 y con el que daría el salto a Estados Unidos donde viviría sus últimos años de gloria.

Tras la Segunda Guerra Mundial con una Europa hundida en la miseria Tamara de Lempicka se refugió en el hedonista mundo del Hollywood de la Edad de Oro donde aún pudo revivir los momentos de esplendor del París de los 20 aunque artísticamente había perdido todo su poder de atracción. Fascinada por el arte abstracto hizo un último intento por volver al candelero con una exposición en la galería Iolas de Nueva York en 1962 que fue un rotundo fracaso, antes de refuigiarse definitivamente en sí misma y apartarse de la vida pública hasta su muerte en 1980 en México.

Curiosamente estos últimos años sus obras vuelven a estar de actualidad porque uno de sus cuadros hasta ahora perdidos, Nu adossé, se vendió recientemente en la casa de subastas Sotheby’s por 5,48 millones de euros y el año pasado otra de sus obras alcanzó el techo de la artista con 8,5 millones de euros. Una de las principales responsables y quizás ahora su principal coleccionista es la cantante Madonna quien ya le dedicara el videoclip de su canción Vogue en 1990. Otros coleccionistas famosos de Lempicka son el actor Jack Nicholson o la cantante Barbara Streisand, muy probablemente alguno de ellos sean los nuevos propietarios de alguna de estas obras.

Para saber más:

Quizás también pueda interesarte:

Si te ha gustado el artículo, deja un comentario.
  1. AKA dice:

    Conocía el retrato del Bugatti, aunque me ha sorprendido saber que la arista era una mujer. Interesante vida.

    Responder
  2. mrdomingo dice:

    Sí y vaya mujer… Ya saber que me fascinan muchos los años 20 y esta mujer es un vivo ejemplo de lo que fue la Belle Epoque.

    Gracias por pasarte por aquí!

    :)

    Responder

Trackbacks for this post

  1. Banksy, el street art y el fenómeno Thierry Guetta | mr. domingo

Leave a reply.