Drogas: 100 años de prohibición

Hace 100 años se firmaba en La Haya la Convención Internacional del Opio, iniciando así la lucha mundial contra los estupefacientes que ha llegado hasta nuestros días y que hoy implica a policías, militares y a naciones enteras. La droga se ha convertido en un problema internacional y también en un negocio de magnitudes extravagantes. A nadie escapa que el consumo de estupefacientes se ha desarrollado vertiginosamente pese a su larga prohibición. Lo que antes era una droga transversal, de ricos y pobres, enganchados por igual, en la actualidad ha diversificado su presencia social mutándose en diferentes tipologías de drogas: cocaína para las clases altas, crack para las barriadas norteamericanas, éxtasis para los jóvenes y heroína para las clases bajas europeas.

Opio y derivados

El opio (Papaver somniferum), protagonista de esta convención, fue un medicamento muy común y un producto del que se hacía un uso recreativo relativamente importante (ver el artículo sobre el opio en este blog).  El opio como producto farmacéutico tenía una amplia historia desde la Grecia Clásica y ya en el siglo XIX su uso mezclado con alcohol, el láudano, era muy popular, tanto como su abuso y adicción. Los fumaderos de opio, figuras clave del lumpen de cualquier ciudad que se precie, se convirtieron en un verdadero problema de salud pública unido al recuerdo de la increíble adicción que había experimentado el pueblo chino y que originó las guerras del opio.

Un alcaloide del opio, la morfina, descubierta en 1806 por Friedrich Wilhelm Sertürner se convirtió pronto en la nueva droga de moda, un remedio para todo y aparentemente mucho menos adictivo que el opio. Merck, hoy en día una de las mayores farmacéuticas del mundo, se hizo de oro comercializándola al por mayor. Tanto es así, que la producción alemana de morfina en 1869 era de unas dos toneladas y ya en 1871 pasó a ser de cinco. Su uso se había popularizado con la invención de la jeringa por parte de Charles Pravaz y el desarrollo del procedimiento hipodérmico por Alexander Wood.

Otra droga derivada del opio y plenamente distribuida y consumida a finales del siglo XIX fue la heroína, aislada por el químico alemán Heinrich Dreser en 1883 y que permitió a otra futura gran farmacéutica de nuestros días, la Bayer, convertirse en la próspera multinacional que hoy conocemos. Curiosamente uno de los usos que se dio a la heroína fue precisamente tratar la adicción a la morfina.

Lo mismo sucedió con la cocaína, sustancia aislada de la planta de coca por Albert Niemann en 1869 y alabada por Sigmun Freud, un usuario habitual de la “dama blanca”.  El uso de la cocaína en el último cuarto del siglo XIX fue amplio y habitual, desde 1884 se utilizaba en terapias de oftalmología y como las otras drogas de las que hemos hablado podía adquirirse en las farmacias en sus diferentes fórmulas. Conocido también es el origen de la Coca-cola, una bebida desarrollada por el farmacéutico John S. Pemberton como solución definitiva para su adicción a la morfina y que en sus inicios contenía hasta 9 miligramos de coca por vaso (según se dice), a partir de 1903 se sustituyó por la cafeína.

El uso médico de estas drogas se hizo tan habitual a finales del siglo XIX que en los hospitales ingleses se popularizó el Cóctel Brompton, una combinación de heroína o morfina, cocaína, fenotiacina, alcohol y agua de cloroformo para administración bucal.

Así pues, las drogas estaban plenamente incorporadas a la vida occidental en el cambio de siglo y gozaban de un gran prestigio entre los científicos y empresas farmacéuticas que veían como sus ingresos se incrementaban año tras año con estos nuevos productos, cada vez más industrializados. Pero en el reverso de la moneda la sensación entre los gobiernos era que se estaba desarrollando un verdadero problema de salud pública con las drogas, caldo de cultivo de la violencia urbana y la depravación de la sociedad.

En los últimos años del siglo XIX al aumento de los adictos a todas estas sustancias se sumó una campaña feroz de los periódicos sensacionalistas, tan en voga en esta época, que magnificaron el problema. El primer paso fue endurecer la presión impositiva para la importación y distribución de las drogas, lo que no solucionó el problema ya que provocó que se incrementara el tráfico ilegal, al tiempo que se sucedían las conferencias que con el tiempo darían lugar a las primeras legislaciones antidroga.

Las primeras legislaciones

En 1906-1907 Gran Bretaña firmó un tratado con China para detener la importación de opio a este país, Francia haría lo mismo con su colonia en Indochina en 1908, de la misma manera que Canadá hizo lo propio con su Ley del Opio ese mismo año. Todos estos pasos contribuyeron a formalizar la primera gran conferencia internacional sobre el opio, que reunió en Shangai en 1909 a trece países. Apadrinada por Estados Unidos, que ese mismo año había aprobado su Smoking Opium Exclusion Act, esta conferencia tuvo poco efecto en la distribución y comercialización del opio y sus derivados, ya que no asistió uno de los principales importadores, Turquía, y Persia envió como delegado aun conocido mercader de opio, aunque supuso un primer paso hacia la ilegalización total de las drogas.

No fue hasta la segunda Conferencia Internacional del Opio celebrada en La Haya en 1912 cuando se pudo firmar el primer tratado internacional sobre el control de drogas. La convención acordó que “los países firmantes deben realizar sus mejores esfuerzos para controlar, o para incitar al control, de todas las personas que fabriquen, importen, vendan, distribuyan y exporten morfina, cocaína, y sus respectivos derivados, así como los respectivos locales donde esas personas ejercen esa industria o comercio”.

La convención fue establecida en su legislación en 1915 por los Estados Unidos, Holanda, China, Honduras, y Noruega. En 1919 tuvo validez mundial al ser incorporada en el Tratado de Versalles, de golpe 60 países se sumaban a los 13 iniciales.

En principio, se puso el énfasis en la regulación del comercio, en lugar de la prohibición del uso de las drogas. El acuerdo incluyó cuatro drogas -opio, morfina, cocaína y heroína- y no reguló las drogas sintéticas gracias a la presión de la industria farmacéutica dominada por Alemania.

Tolerancia cero y desarrollo del narcotráfico

Esta convención fue el primer paso para formalizar, en las próximas décadas, la prohibición total de las drogas en prácticamente todo el mundo. Esta política de tolerancia cero posibilitó el surgimiento de toda una red internacional de tráfico de drogas y un cambio trascendental en la naturaleza de las bandas callejeras y la asociación delictiva, hasta ese momento muy localizada y dedicada a los tradicionales negocios de la prostitución, el juego y la extorsión.

La legislación antidroga permitió el alumbramiento de mafias interconectadas en todo el mundo, los cárteles en Sudamérica, y todo un complejo de corrupción, violencia y explotación que afecta especialmente a los países productores de estas sustancias.

100 años después podríamos decir que la situación está lejos de haberse solucionado: los hábitos de consumo se han multiplicado en los países occidentales al calor del capitalismo, la tipología de drogas se ha especializado y diversificado, y la violencia asociada a las drogas se ha propagado convirtiéndose en un verdadero problema en muchos países.

Este hecho hace que desde hace unos pocos años empiecen a surgir voces que ponen en duda esta política de tolerancia cero e incluso diversos países, principalmente productores de droga, apuesten tímidamente por la regulación de las mismas. En América Latina la regulación del tráfico de drogas se ve como un camino para poder solucionar los graves problemas que afectan a muchos de sus países, no tanto por los efectos de la adicción sino por la violencia asociada.

La solución de este problema, sin duda engrandecido por la prohibición, se vuelve realmente complicada, sobre todo por el débil equilibrio entre países pobres productores y países ricos consumidores. Lo positivo es que 100 después empieza a surgir de nuevo el debate alrededor de las drogas, es hora de replantearse las políticas utilizadas durante todos estos años, sus efectos y las posibles alternativas para poder regular una de las industrias paralelas más importantes del mundo que mueve cada año miles millones.

Para saber más:

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  1. Cynthia dice:

    Muy bueno el artículo… se ve claramente el típico dicho: hecha la ley, hecha la trampa.
    Y bueno, tambien que, hasta que las personas no dejemos de consumir, el narcotrafico, redes de distribucion, mafias, guerras entre los más pobres y todo lo hay detrás de esto, nunca desaparecerá.
    Un fuerte abrazo Javi!
    Cynthia

    Responder
  2. Luis Alberto dice:

    Hola q tal? muy bueno tu articulo, pero debes hacer una correccion en el siguiente parrafo:

    “La legislación antidroga permitió el alumbramiento de mafias interconectadas en todo el mundo, los cárteles en >Suramérica<, y todo un complejo de corrupción, violencia y explotación que afecta especialmente a los países productores de estas sustancias."

    Es Sudamerica,saludos!

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  3. Kurono dice:

    Si bien las drogas son una maldición: ¿cuáles son las dos drogas más mortales del mundo? Respuesta: El alcohol y el tabaco. Y salvo en los paises musulmanes, no está prohibido en occidente y está aun vivo el recuerdo de la Prohibición en Estados Unidos, con Al Capone al mando de mafias violentas.

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